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jueves, 19 de octubre de 2000

Recuperación del repertorio gregoriano en Aragón, a través de los fragmentos de códices litúrgicos, utilizados como tapas de protocolos notariales

Memoria est thesaurus omnium rerum et custos 
 

The intention of this work is to announce a research project, which has been developed, for several years, by the Chair of Aragonese Mediaeval Music of the «Fernando el Católico» Institution (C.S.I.C.): it is the study of the liturgical-musical pages that are used to bind the notarial protocols of the 16th-17th centuries in Zaragoza. It is of vital importance for the history of Aragonese mediaeval music, as well as for other sciences. 

Ce travail veut divulguer un projet de recherche qui est mené déjà depuis plusieurs années par le Département de Musique Médiévale Aragonaise, de l'Institution «Fernando el Católico» (C.S.I.C.): il s'agit de l'étude des feuillets de musique liturgique qui servent de reliure aux minutiers des notaires du XVI-XVIle siècle, en Aragon. Une telle recherche est d'une importance fondamentale pour l'histoire de la musique médiévale aragonaise, mais aussi pour d'autres sciences. 

El estudio de la música en general, y, en este caso, de la música medieval puede enfocarse desde múltiples puntos de vista: la historia, los géneros o formas, la notación, la semiología, la filología, la liturgia, la filosofía, la estética, el origen, la psicología, la acústica... Todo ello y mucho más es la musicología. Es el punto a partir del cual podemos entender, estudiar y disfrutar de la música. Es el eslabón sin el cual la música no sonaría, ni se haría vida en nuestras vidas, impidiendo así su disfrute y goce para el que ha sido creada. La musicología, en efecto, pretende desentrañar cuanto rodea al simple hecho musical, y para lograrlo en su conjunto ha de echar mano de las ciencias auxiliares que esclarecen y definen los contornos en los que se mueve el mundo de los sonidos. 

Pero la fuente de todo sonido, el origen de cualquier trabajo riguroso se encuentra en el trabajo de campo, donde se encuentra toda la documentación que acredita la autenticidad y seriedad de un trabajo, un trabajo que nosotros hemos concretado en nuestros Archivos Históricos Notariales. Desde hace ya varios años, desde la Cátedra de Música Medieval Aragonesa, de la Institución «Fernando el Católico», se está llevando a cabo un proyecto de investigación en este terreno. Considerado de vital importancia para la historia de la música medieval en Aragón, lo es también para el resto de ciencias de que antes hablábamos. 

Este trabajo ya fue «soñado» hace muchos años por el musicólogo Pedro Calahorra, quien, en una de sus publicaciones, decía: Y por extender el estudio todo lo posible, habría que examinar las tapas o cubiertas de pergamino con que los notarios encuadernaban sus protocolos. En los de los notarios de Daroca, por ejemplo, hemos visto pergaminos gregorianos de bellísima grafía, restos inutilizados de lo que sería una gran riqueza musical; también se da esto mismo en los de Huesca. Del estudio musicológico de la notación, neumas, líneas, colores y también de los textos, etc., se podría valorar el canto gregoriano que se cantó en Aragón y sus diversas épocas o escuelas

Mucho antes que nosotros, otros iniciaron el trabajo. En efecto, en el año 1856 los monjes de la Abadía de Saint-Pierre de Solesmes (Francia) iniciaban oficialmente los trabajos de restauración del canto gregoriano. Sería éste el punto de partida de minuciosas y prolijas tareas científicas tendentes a devolver a este tesoro musical del Medievo toda su pureza y primera virtualidad. 

Por eso, el trabajo que presentamos hoy es, podríamos decir, un eslabón más de la cadena iniciada hace siglo y medio, pero un eslabón «aragonés». Bien es cierto que los monjes de Solesmes recorrieron, el siglo pasado, los principales archivos e iglesias aragonesas, en busca de los códices más antiguos y preciados sobre los que basar sus estudios. Y fruto de sus trabajos tenemos hoy rigurosas ediciones de canto para la misa, para el oficio divino y para las más variadas ceremonias litúrgicas. Pero no pudieron acceder a otros archivos, donde también aparece, aunque sea parcialmente, el mismo o parecido repertorio musical. Sobre estos Archivos Históricos Notariales en Aragón versará nuestro estudio. 

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El artículo completo en PDF AQUí.

miércoles, 4 de octubre de 2000

Una nave abandonada a su suerte en el inmenso océano del dolor.

Horas serenas del ocaso breve, 

cuando la mar se abraza con el cielo 

y se despierta el inmortal anhelo
que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.

(Miguel Unamuno)

            


    Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que temía (Job). Periódicamente, con la regularidad de un reloj bien ajustado, el horror de la nada, en forma de dolor, se instala junto a mí, tratando de devorarlo todo, sin compasión, sin tregua, sin respiro. Llega de nuevo el momento de decir: ¡no puedo más! ¡basta ya, Señor! 

            No reprimiré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, Y me quejaré con la amargura de mi alma (Job). Lo único que sale de lo más profundo de mi ser es un reproche a quien todo lo puede:

 

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera.

Misericordia, Señor, que desfallezco;

cura, Señor, mis huesos dislocados (Salmo 6).

 

            Por mucho que me he esforzado, a lo largo de los años, por hacerme amigo de este insoportable dolor, jamás me ha dejado. Siempre ha rechazado con desprecio la mano que yo le tendía, deseoso siempre de conquistarlo y así hacer más llevadero el camino. Está mi alma aburrida de mi vida: daré yo suelta a mi queja sobre mí, hablaré con amargura de mi alma (Job). Y no me queda más remedio que acudir de nuevo a Él, para reprocharle con insolencia:

 

Tengo el alma en delirio,

y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,

sálvame por tu misericordia (Salmo 6).


 

            Una vez más, otra vez, el dolor ha venido a sentarse a mi lado, como el peor de mis enemigos, en esa nave que recorre un inmenso océano, sacudido por las tempestades  más espantosas. No importa que me acurruque, que me tumbe, que me levante, que me suba a lo alto del mástil para gritar mi sufrimiento, el dolor sigue ahí, impasible, como una máscara horrible del más espantoso carnaval. Es como si se regodeara al verme impotente, cada vez más frágil, cada vez más vulnerable, cada vez menos persona. ¿Te parece bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos, y que resplandezcas sobre el consejo de los impíos? Tus manos me formaron y me compusieron todo en contorno: ¿y así me deshaces? (Job).

 

Y yo, impotente, le grito una vez más:

Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,

y en el abismo, ¿quién te alabará?

Estoy agotado de gemir:

de noche lloro sobre el lecho,

riego mi cama con lágrimas.

Mis ojos se consumen irritados,

envejecen por tantas contradicciones (Salmo 6).

 

            Sólo ansío llegar a buen puerto, dejar a ese odiado dolor en el barco, que vuelva al impetuoso océano y lo devore para siempre la galerna más espantosa. Entonces yo podré gritar:

 

Apartaos de mí, los malvados,

porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

el Señor ha escuchado mi súplica,

el Señor ha aceptado mi oración.

Que la vergüenza abrume a mis enemigos,

que avergonzados huyan al momento (Salmo 6).

 

            Entonces, con Job diré á Dios: no me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo. Sólo suplico esto: ¿es mucho pedir tratar de entender el por qué?