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martes, 18 de abril de 2000

La estética musical en el Medioevo.

Aucune grâce extérieure n'est complète si la beauté intérieure ne la vivifie.
La beauté de l'âme se répand
comme une lumière mystérieuse
sur la beauté du corps.
(Victor Hugo)




Según el teórico Juan de Garlandia «es evidente que, durante el siglo XIV, comienzan a hacer sus primeras apariciones, aunque sea tímidamente, conceptualizaciones acerca de la belleza de la música en tanto que hecho autónomo, belleza que encuentra su única justificación en sí misma: en la belleza pura que los sonidos emiten".

Es, por tanto, un viaje iniciático al mundo de lo bello, a la delectación sonora, al fulgor transmitido por quienes sabían expresar sus pasiones más íntimas mediante el artificio sonoro. Un viaje que ora será́ sobrecogedor, ora lleno de serenidad, ora luminoso, ora dulce reposo. Porque es todo esto y mucho más lo que se oculta detrás de las melodías que, a lo largo de los siglos, han servido para calmar desdichas y desolaciones; para apaciguar extravíos y contiendas; para escanciar arrebatos y delectaciones; para, en fin, ensanchar el alma y espigar sus contradicciones.


Es, en verdad, la belleza que late en estos sentimientos hechos música lo que da sentido a nuestro viaje, lo que justifica nuestra prisa por transitar una vía milenaria, llena de colores y de sonidos, de abismos y de atajos, de tormento y de transfiguración. Porque la música no es otra cosa que la expresión alegre o dolorida de los sentimientos humanos. Y si en el alma humana cabe todo, en la música, que es su reflejo, todo tiene cabida.

Con palabras llenas de poesía y belleza lo expresaba así un esteta y, al tiempo, especialista en Estética. «Música mística que nos lleva al otro lado de la razón, que glorifica el amor como vida y muerte, que dignifica la carne en tanto que emblema del espíritu, y concede a nuestros oídos el honor de ser puerta abierta al más allá, escuchando lo invisible, expresando lo inefable».

En adelante, dejando sentado estos principios y con el apoyo de obras significativas del repertorio litúrgico-musical del Medievo, recorreremos los distintos jalones de este itinerario, para extraer de su análisis los resultados estéticos que identifican este rico tesoro musical. Habrá que entrar, para ello, en el corazón del autor, en su sensibilidad, en su estado de ánimo, en sus condicionantes, para, a través de todo ello, entender el mensaje y la estética subyacentes.
Evidentemente, esta reflexión sobre lo bello, esta contemplación del hecho musical, puede asomarse a tantas parcelas del conocimiento musical como variedades han existido a lo largo de los siglos, pues muchas son las manifestaciones musicales en la historia de la humanidad, y a estudiar con detenimiento el fenómeno estético del canto litúrgico medieval, conviene definir, ya, a qué repertorio se alude y, obviamente, qué repertorios se excluyen del estudio.



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