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domingo, 8 de marzo de 2020

El dolor de vivir. Vicente Aleixandre.


La vida
No te quejes de que los hombres sufran./ 
No te quejes, al despertar, de que todos los hombres sufran,/ 
de que el dolor del mundo esté en la tierra, 
en las palmas de las manos/ 
mientras las plumas suaves vuelan libres, lejanas./ 
No te quejes, amorosa existencia, del dolor de vivir,/ 
de saber que en lo oscuro una cadena no duerme/ 
de presentir cuánto cuesta no confundir/ 
un beso y un coágulo./ 
Tú, generosa presencia de un sol que existe,/ 
que repasa cuidadoso los desnudos gastados, 
tú, única verdad que no cuesta sangre, 
que no cuesta apoyar su cabeza en la tierra./ 
Tú, agua que canta difícilmente con las cascadas,/ 
espuma o collar para los muertos que flotan, 
para los hombres que descansan de una/ vida posible/ 
como son posibles las llamas o las manos crueles./ 
Tú, diminuto grano, semilla generosa, 
cerrazón/ de un destino,
única verdad que los hombres no ocultan;/ 
tú, vocación de un pájaro, de un verdugo inocente/ 
que a su vez va a morir en las plumas de un lecho/
Tú, monte, tú mar,/ tú, encendida o derramada,/ 
tú, naturaleza donde los vestidos sin cuerpos/ 
quedan abandonados junto a un mar sin/ orillas./
 ¡Oh muerte, muerte!/ Paloma o temblorosa doncella, 
virgen/ verdadera;/ tú, ciega que aquí en los brazos tiemblas,
tú, que al beso que retorna de un mundo vil o/ 
extinto sabes tender tus plumas como brazos./ 
¡Tú, luz o sombra, esperanza o venganza;/ 
tú, mar que bajo un cantil nos contempla:/ 
tú, fiel oído que escucha unas palabras/ 
con que al abyecto mundo lo maldigo!
(Vicente Aleixandre)

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