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lunes, 6 de abril de 2026

IX. Un francés en El Toboso. Familias Prensa-Sánchez y Prensa-Cano

La historia y el origen de este raro y escaso apellido en el Toboso -Prensa/Leprince-,  puede leerse en otro post de este blogI. Un francés en El Toboso  (s. XVIII).  El paso de Leprince a Prensa. 

Pero además de la familia Prensa-Sánchez, que es la que se estudia en esta investigación, ha habido también en El Toboso otra rama Prensa-Cano, que entronca con la única línea en los abuelos paternos: Manuel Prensa y Josefa Sánchez. 

Abuelos paternos: Manuel Prensa y Josefa Sánchez

Abuelos maternos: Juan Cano y Crisóstoma Casas

Madrina: Valentina Prensa


Haré un breve resumen de esta rama, citando a los miembros de la misma que han aparecido a lo largo de la investigación.

- El 8 de marzo de 1876 nace María Francisca, que entrará en 1894 en el Monasterio de San Ildefonso y San Juan de la Mata de Monjas Trinitarias, en el barrio de las Letras de Madrid, con el nombre de sor Felisa de Santa Teresa. Fallece el 28 de noviembre de 1933.

- El 25 de abril de 1878 nace su hermana María Josefa.

- El 19 de mayo de 1879 nace su hermano Manuel, que fallece el 17 de julio de 1881.

- El 18 de enero de 1883 nace su hermano Juan Crisóstomo.

- El 11 de mayo de 1885 nace su hermana Bárbara Antonia, que fallece el 16 de junio de 1891.

- El 26 de junio de 1887 nace su hermana Manuela, de la que se hablará más adelante.

- El 19 de febrero de 1891 nace su hermana Máxima Filomena, que fallece el 4 de enero de 1892.

Como se ha dicho, la persona que más nos interesa ahora es Manuela, por ser la única de la que se conoce la vida, sus cualidades, su dedicación, su destino final. A continuación se citan literalmente todos estos datos, tomados del libro Odisea martirial de catorce Concepcionistas, del P. Rainerio García de Nava, cuya portada aparece más adelante.

De cuanto relata este autor se deduce que la única superviviente de esta numerosa familia es Manuela. Así escribe: A los dos años de profesa falleció su padre Manuel Prensa, y Sor María del Santísimo Sacramento, única heredera, consiguió con muchas dificultades vender la casa que sus padres tenían en el Toboso, venta que debía realizar antes de emitir la profesión.

El Toboso, pueblo un tiempo perdido e ignoto en las llanuras de la Mancha hoy es mundialmente conocido. Nuestro inmortal Miguel de Cervantes tuvo el capricho de domiciliar en él a la Dama de D. Quijote, Aldonza Lorenzo.

En este rincón de Toledo, hoy lugar de numerosas visitas turísticas que ostenta una ciclópea iglesia de estilo herreriano y una plaza arreglada con gusto, nació una niña el 25 de junio de 1887 a las seis de la tarde, fruto del amor de sus padres Manuel Prensa Sánchez y Cirila Cano Casas. Al día siguiente, 26 del mismo mes y año, fue cristianada solemnemente en la iglesia parroquial de San Antonio Abad.

Manuela pasó nada más algunos años de su infancia en el Toboso. Cuando tenía ocho años se trasladó junto con sus padres a Madrid y se instalaron en la calle de Sagasti n° 10. Cuando tenía 17 años, Manuela recibió la Confirmación administrada por el Sr. Obispo de Madrid Alcalá Mons. Guisasola Menéndez.

No sabemos si, nada más llegar a Madrid o algún tiempo después, su padre Manuel Prensa entró a trabajar de recadero en el monasterio de las Concepcionistas de San José, situado en la misma calle en el nº 19. Es también probable que el frecuente trato con las religiosas, influyera en su vocación y a la hora de elegir instituto religioso de contemplación llamara a las puertas de las Concepcionistas de San José.

Tampoco sabemos el colegio que Manuela frecuentó en Madrid. Sí nos consta, porque luego siendo religiosa lo demostró, que Manuela adquirió una cultura nada común; redactaba muy bien y poseía una caligrafía extraordinaria. Nuestra biografiada llevó también al convento una cultura musical nada común. No es fácil que poseyera carrera musical como algunos afirman. Por los datos que poseemos de la época no puede demostrarse. En cambio está fuera de toda duda que era una jovencita de extraordinarias cualidades para la música y que formaba parte del coro de la Parroquia de el Pilar. Es fácil que el organista o encargado de la música viendo las especiales disposiciones para la música de Manuela, le enseñara solfeo y que se ejercitase en la utilización del piano y armonio.

Manuela Prensa Cano solicitó el ingreso en el monasterio de San José cuando tenía 18 años, el 5 de abril de 1905. Con toda seguridad sería ya conocida de las monjas porque acompañaría muchas veces a su padre en sus gestiones para el monasterio. Manuela conocería también la vida de las monjas con las que en un futuro próximo conviviría.

 En el consentimiento de su padre para el ingreso en el monasterio, refleja el Sr. Manuel Prensa su satisfacción por el ingreso en las Concepcionistas: "Siendo muy de su gusto esta decisión -el ingreso-doy a mi hija Manuela el más amplio consentimiento, con toda la extensión necesaria para que abrace el estado religioso e ingrese en el convento citado".

También merece citarse el certificado del párroco D. Paulino Corrales: "Certifico que la jovencita Manuela Prensa Cano, feligresa de esta parroquia, ha observado siempre una conducta irreprochable y ha manifestado siempre verdadera y profunda piedad en la frecuencia de los Santos Sacramentos y llevando en suma, una vida propia de una joven que aspira al estado religioso" (Firmado Paulino Corrales).(18)

El 22 de noviembre de 1906, respetando las prescripciones canónicas en cuanto al tiempo, del noviciado emitió su primera profesión. Ese día cambió el nombre de Manuela por el de Sor Mª del Santísimo Sacramento. Todo el acto resultó deslumbrante, sus diecinueve años, se reflejaban en el rostro casi de adolescente y deliciosamente encendido por tantas emociones. Al término de la ceremonia religiosa, Sor Mª del Santísimo Sacramento recibió un montón de abrazos y demostraciones cariñosas de las Religiosas especialmente. Quizás la comunidad se volcó en la nueva religiosa con especial cariño para suplir de alguna manera la ausencia de la madre fallecida un año antes.

Cuatro años más tarde, la nueva religiosa emitió los votos perpetuos con los que se ligaba al monasterio para siempre. Su profesión solemne se retrasó un año por motivos nada agradables. A los dos años de profesa falleció su padre Manuel Prensa y Sor María del Santísimo Sacramento, única heredera, consiguió con muchas dificultades vender la casa que sus padres tenían en el Toboso, venta que debía realizar antes de emitir la profesión.

Sor María del Smo. Sacramento organista. 

Como ya informamos, Sor Mª del Santísimo Sacramento poseía buenos conocimientos musicales cuando ingresó en las Concepcionistas, tenía además cualidades muy buenas de directora de coro.

La abadesa, Madre Petra de San José, que probablemente venía haciéndola un seguimiento de aptitudes desde su primera profesión, nada más emitir los votos solemnes, le encomendó la música de la comunidad. Era de su responsabilidad la programación y ensayos de las canciones que luego debían ejecutarse en el coro o en la iglesia y dar realce a algunas misas de fiesta, en que no intervenía el coro, con el armonio. También era de su incumbencia dar clases de canto y solfeo a las religiosas jóvenes que entonces eran siete.

Sor María del Sacramento no defraudó la confianza de la comunidad en sus conocimientos musicales, subieron de nivel los cantos del Oficio Divino y las canciones interpretadas por el Coro de la comunidad en la iglesia. Sabemos lo último, por testimonios laudatorios de sus alumnas: "Sor María del Sacramento -nos dicen- se ganó en-seguida a las cantoras, nos trataba con mucha delicadeza, sencillez y confianza, pero la suavidad de trato no impedía que en los ensayos fuera exigente. No se interpretaba ninguna canción en la Iglesia si ella no la consideraba suficientemente preparada".

"En cambio -continúan la misma religiosa-si después de preparar cuidadosamente las canciones, en la ejecución salían regular o francamente mal y veía que nosotras nos disgustábamos o dábamos señales de estar desanimadas, tenía siempre palabras oportunas de aliento, quitaba importancia al fracaso como algo circunstancial y nos animaba a sacar fruto espiritual del traspiés. A veces tales decepciones -decía- sirven para purificar nuestra intención, porque es fácil que en las intervenciones en público se filtre sutilmente la vanidad. Y debemos acostumbrar-nos a ofrecer el sacrificio de ese momento al Señor como una oblación amorosa más".

Aparte de su responsabilidad en la preparación de las intervenciones musicales, Sor María del Sacramento daba clases a las jóvenes de solfeo y les enseñaba también a impostar la voz para que la emitieran suave, potente y clara, sin "trémolos" ni "gallitos" inoportunos. A las que veía con mejores aptitudes enseñaba también a utilizar el armonio.

Sor María Beatriz de Santa Teresa fue la que más se benefició de este magisterio y cualidades excepcionales de Sor María del Smo. Sacramento. Sor Mª Beatriz tenía una voz preciosa, de una musicalidad extraordinaria, pero no sabía emitirla, como sucede a todos los cantores y cantoras sin educación musical. Después de recibir las clases de Sor María del Smo. Sacramento la voz de Sor María Beatriz -en opinión de las religiosas-"ganó tanto que era una verdadera delicia escucharla".

Sor Mª Beatriz tenía además cualidades notables para la música, cosa que no pasó desapercibida a su Maestra, le dio facilidades para que aprendiera armonio y piano, por testimonio de sus compañeras sabemos que logró tocar muy bien ambos instrumentos, de tal manera que, más tarde, cuando a Sor María del Sacramento se le complicó la vida, primero por los numerosos achaques que la obligaban a guardar cama con alguna frecuencia, y luego por su cargo de maestra de novicias, la M. Abadesa encargó a Sor Mª Beatriz, que ya actuaba como segunda organista, que actuara de titular.
Además de encargada de la música, Sor Mª del Sacramento fue secretaria de la superiora y, por tanto, de la Comunidad. Las que convivieron con ella reconocen que tenía una bonita letra y redactaba los documentos con mucha claridad y distribución inteligente del texto, propias de una mente muy despejada y ordenada. En la curia diocesana, llamaban gratamente la atención los documentos recibidos de las Concepcionistas de Sagasti, 19 por su cuidadosa e impecable presentación.

Junto con estas dos cualidades más sobresalientes, Sor María del Stmo. Sacramento poseía otras disposiciones nada comunes, entre ellas una imaginación creativa brillante. Empleó un montón de recursos, para dar alegría, novedad y realce a las fiestas y acontecimientos extraordinarios de la Comunidad; unas veces cubría los pasillos y locales de reuniones de frases relativas a la vida de las monjas, las enmarcaba en papeles de colores y con ello rompía la monotonía del convento y hacía las delicias y el contento de la comunidad, porque algunas de las frases iban acompañadas de dibujos verdaderamente graciosos y lecturas muy originales.

Otro de los años se la ocurrió obsequiar a la madre, en su santo, con flores artificiales fabricadas por las monjas, para ello comprometió a las jóvenes para que hicieran dos ramos de flores de papel cada una bajo su dirección. Las mismas jóvenes reconocieron luego que se entusiasma-ron con su trabajo porque "parecían flores naturales"
Sor María Sacramento valía también para directora de escena. En el santo de la Madre, -16 de julio de 1936-preparó la escenificación del martirio de Santa Inés, hizo el reparto de papeles naturalmente entre las más jóvenes. Fue el último festejo preparado por nuestra biografiada y con él se clausuraron por mucho tiempo los "festivales" en el monasterio de san José, tres días después se verían obligadas a abandonar definitivamente el convento. Las mismas jóvenes que actuaron en el cuadro escénico -algunas supervivientes-reconocen que resultó muy bien y causó profundo impacto en la comunidad. Aplaudieron agradecidas a las actrices, pero luego, lo notaron ellas mismas, se hizo un silencioso embarazoso y pesado. Tendrían que haber sido muy superficiales, cosa que hay que descartar absolutamente, para que no vieran un montón de semejanzas entre la existencia de Santa Inés antes del martirio, acosada por los enemigos de la religión y su propia situación objeto de una persecución implacable.

Maestra de novicias. La descripción que acabamos de hacer de las extraordinarias cualidades humanas y artísticas de Sor Mª del Sacramento puede prestarse a equívoco, sucede con alguna frecuencia que la religiosa demasiado volcada en actividades humanas suele tener algo aparcadas sus preocupaciones por la santidad. No es nuestro caso.


Vaya por delante el testimonio de una de las que convivieron con ella y tuvo oportunidad de observarla de cerca, día a día, como alumna: En su piedad, en los nueve años que conviví con ella -el testimonio es de Sor Mª del Rosario- me convencí de que era alma de gran vida interior, se la veía siempre recogida y silenciosa. Fuera de los recreos y de las horas que ensayaba o daba las clases, no hablaba nunca en horas de silencio, si no era preciso y por caridad. Cuando la encontrábamos por los pasillos, se limitaba a saludarnos siempre con una dulce sonrisa llena de amabilidad. Verdaderamente -esta religiosa- reflejaba en su porte que estaba siempre en la presencia de Dios, en las clases de música aprovechaba siempre cualquier detalle para llevarnos a Dios.

Entre las devociones por las que sentía un amor especial y entrañable estaban según este orden: La Virgen, Santa Beatriz, y San Francisco -con este Santo confesaba que tenía "puchero aparte". No podía disimular su preferencia por estos tres santos, en sus fiestas se la veía especialmente alegre y preparaba todo: las eucaristías, el adorno del convento, con especial interés y hasta en su rostro reflejaba la ilusión y el gozo del corazón.

Cultivaba también una entrega natural, sencilla, gozosa y sacrificada a las hermanas. Todas acudían a ella porque tenía remedio para todo. No necesitaba decirlo, todas estaban convencidas de que cumplía ejemplarmente el mandamiento del Señor: "En esto conocerán que sois mis discípulos si tenéis amor entre vosotros".

Para más abundamiento volvemos a recurrir a sus alumnas: Nunca observé en ella la menor falta de amor a sus hermanas, esto lo puedo asegurar con toda certeza, amaba a las hermanas con toda su alma y estaba siempre y totalmente a disposición de la Comunidad y de cada una de las hermanas, con todo el cariño y a veces paciencia.

Lo que nos acaban de afirmar sobre el perfil fraterno y servicial de nuestra biografiada, tiene mucho mérito. No es lo ordinario, ni aún entre religiosos esta actitud de absoluta disponibilidad. Requiere mucha madurez personal, haber llegado a una razonable desapropiación de sí misma. Hay un aforismo que se cita con frecuencia en las casas religiosas aunque tiene aplicación en cualquier ambiente social. En comunidad no manifiestes tu habilidad. Se refiere a que muchas veces se abusa de las personas, "que se les da todo", los clásicos "manitas". Algunas religiosas abusarían de la sencilla y espontánea disposición de Sor María del Sacramento y de seguro que ella se daría cuenta y sin embargo mantuvo esa disposición de entrega absoluta, primando el servicio fraterno sobre el amor propio o la comodidad personal.

Sor María del Sacramento prestó un último y valioso servicio a la comunidad, sobre todo a las jóvenes, en la "encerrona" de los días previos al martirio. Hay que ponernos en su situación, por instinto nadie quiere morir y menos los jóvenes, se sienten con plena vitalidad y muchos años por delante. Necesitaban, por tanto, alguien que tuviera sobre ellas gran ascendiente y que les diera ánimos de superación, ideas claras muy motivadas de que lo más que les podía suceder en esa situación era la muerte por Cristo y por su fe era el mejor sentido o empleo de la vida, porque les abría las puertas de una existencia feliz e inacabable. ¡Este ángel del consuelo y de la fortaleza para las jóvenes fue Sor Mª del Smo. Sacramento!

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