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jueves, 16 de abril de 2026

Luis Leprince-Prensa Villegas.



Luis Leprince-Prensa Villegas. 

¿Toda mi vida? 

La mystique dans l'art, la mystique dans la vie,

la mystique dans la nature,

voilà ce que je cherche,

et c'est dans les grandes symphonies musicales,

dans l'initiation à la tristesse,

dans les profondeurs de la mer,

que je puis le trouver.

(Oscar Wilde)

Derrière les ennuis et les vastes chagrins

Qui chargent de leur poids l’existence brumeuse,

Heureux celui qui peut d’une aile vigoureuse

S’élancer vers les champs lumineux et sereins.

(Charles Baudelaire)

- ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué los hidalgos, y en qué los caballeros? ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía?

- Unos dicen loco, pero gracioso; otros valiente, pero desgraciado; otros cortés, pero impertinente; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano.

- Mira, Sancho… Dondequiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida. Pocos o ninguno de los famosos varones que pasaron dejó de ser calumniado de la malicia. 

(Miguel de Cervantes)

 

Ante la miseria humana, afirmo con Arthur Rimbaud que ce n'est qu'au prix d'une ardente patience que nous pourrons conquérir la cité splendide qui donnera la lumière, la justice et la dignité à tous les hommes. Y con Pierre Lecomte Du Noüy ratifico que Il n'existe pas d'autre voie vers la solidarité humaine que la recherche et le respect de la dignité individuelle.

Por eso... cuanto sigue... y seguirá...     

   Fue un 14 de mayo de ignoto año del Señor cuando yo, Luis LEPRINCE-PRENSA VILLEGAS, vi la luz en El Toboso (Toledo), patria de la sin par Dulcinea, mientras repicaban las campanas para la misa mayor, pues ese día coincidía ser la fiesta del patrono de la población, el Smo. Cristo de la Humildad. Años más tarde me contarían que, tras el dolor del parto y la alegría del nacimiento, mi madre se echó a llorar, cosa por otro lado normal en estas circunstancias debido a la emotividad que impregna un suceso similar. Pero ella no lloraba de alegría, aunque también; las lágrimas acudieron abundantes a sus ojos porque el recién nacido no era lo que ella ansiaba, una niña, después de dos niños varones. Mi padre se acercó entonces a su cabecera y le susurró con cariño: "no llores, que no sabemos para qué viene éste"; éste era yo, evidentemente. Muchos años más tarde me lo recordaría más de una vez, dando gracias a Dios de mi nacimiento porque pude ser sostén de ambos en los momentos más difíciles de su vida. 

Sí, acababa yo de nacer, de ver la luz, de vislumbrar los rostros que serían para siempre los más amados de mi vida: mi madre y mi padre, y también mi abuela Valentina, en cuya casa vivíamos entonces, a la sombra de la torre de la iglesia. Podría decirse que era una especie de preludio ese repique de campanas cuando yo asomaba a la vida, pues a partir de entonces su evocador sonido nunca se apartó de mi vida, de mil maneras, en mil lugares, en las fiestas y en las tristezas.   

    Fue mi infancia absolutamente cuando menos singular, pues como me diría muchos años más tarde Sor Sagrario, clarisa amada,  "pueblo pequeño, gran infierno". ¡Ay cuán verdad era ese dicho en boca tan santa! Pese a todo y a través de mi amada familia y del literario entorno empezó a modelarse en mí el amor por el arte, la literatura, la lectura y la música, con evidentes efluvios quijotescos, de los que me siento especialmente orgulloso. 

    Tengo que hacer aquí un paréntesis y arrepentirme hasta el infinito por no haber querido secundar los deseos de mi abuela Valentina de que fuera a tomar clases de música con el Maestro de la Banda, y profesor de la escuela de música. Sí, fui una vez, arrastrado por ella; pero no creo recordar que volviera ningún día más. Mi arrepentimiento es tan cierto como que después, en toda mi vida dedicada a la música, me hubiera sido de inestimable ayuda saber tenido ya desde tan niño esa formación. Pues no; el niño era tozudo, y luego hubo de suplir lo que ya debiera tener adquirido.

    Pero antes de seguir es preciso indicar el origen de apellido tan escaso en tierras hispanas: eran entoces tiempos convulsos en la vecina Francia entre 1789-1799. En efecto, LePrince-Prensa Villegas es de antiguo linaje francés –LePrince = Prensa-, y como veremos, podría haber nacido en la preciosa villa medieval gala Saint Bertrand de Comminges .


   (En el post siguiente de este blog se da todo detalle de este apellido).         

    Precisamente a ese obispado pertenecía el primer LePrince-Prensa que aparece en nuestra historia, a finales del siglo XVIII. Pero al nuestro le fue destinado nacer lejos de las raíces de sus ancestros: en El Toboso (Toledo).

    En la noble villa de El Toboso, Patria de la sin par Dulcinea, amada del Quijote, a través de su familia y de su literario entorno empezó a modelarse su amor por la mística, lo sacro, el arte, la literatura y la música, con evidentes efluvios quijotescos, de los que se siente especialmente orgulloso.

    

   De su padre, Juan de la Cruz heredó, entre otros extraordinarios valores, el amor por la música, pues ya desde niño tocaba el fliscorno en la banda de la villa.

Y de su maravillosa madre, Tomasa, entre otros extraordinarios valores, amor por el canto, pues su melodiosa voz hizo que perteneciera desde muy joven al gran coro de la parroquia, que, sabiamente dirigido, preparaba e interpretaba programas nada fáciles pero muy hermosos, de autores clásicos hispanos y de otros lugares. 

El profesor mediocre habla. El buen profesor explica.  El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira. (William Arthur Ward).




    Y de su noble villa heredó además el amor por los monasterios, sus monjas, su escondida vida, su liturgia diaria, sus tesoros artísticos y espirituales, amén de otra manera de entender y vivir la vida, desde el silencio y la contemplación, lejos del agitado mundo y de sus vanidades. Allí tuvo la suerte de poder conocer y tratar, en la medida que la clausura monástica lo permitía: 

las monjas Clarisas

Me parece extraño que alguien no comprenda ni respete la decisión 

de una persona que ha tomado la determinación de ser invisible.

(J. L. Borges)

las monjas Trinitarias Recoletas

Creedme, todo depende de esto:

haber tenido, una vez en la vida, una primavera sagrada

que colme el corazón de tanta luz

que baste para transfigurar todos los días venideros.

(Rainer Maria Rilke)

    Dos joyas más, estas,  en su acontecer diario... y para siempre. 

He sido un hombre afortunado en la vida: nada me fue fácil.

(Sigmund Freud)


Si nos remontamos ahora en el tiempo, entre sus tías-abuelas, que como es obvio no tuvo el privilegio de conocer -¡ay, qué pena!-, hubo una, Manuela Prensa Cano, hoy ya Beata de la Iglesia, MÁRTIR de la triste contienda civil española, en la que merece detenerse siquiera un instante, por la luminosidad que transmite.  

Tu casa no está donde has nacido.

Tu casa está donde cesan todas tus tentativas de huida.

(N. Mahfouz)

Desde su infancia demostró una cultura nada común: escribía muy bien y, según los documentos, poseía una caligrafía extraordinaria, que aparece también reflejada, además de en los escritos oficiales del monasterio, en las pequeñas obras de teatro que se representaban en la Comunidad en los días de gran fiesta. Pero no es sólo eso: cuando entró al Monasterio, a los 18 años, llevaba ya consigo una cultura musical nada común: tocaba el piano y el armonium/órgano. Y por si todo esto fuera poco, dominaba también el arte de la pintura. Pese a las muchas promesas que ofrecía el mundo a persona tan llena de cualidades, ella entró en el Monasterio de Monjas Concepcionistas de la calle Sagasti, 19, de Madrid, en cuya Villa tenía además otra hermana monja, por más señas Trinitaria, en el barrio de las Letras,en el Monasterio de San Ildefonso y San Juan de la Mataen cuya iglesia se conservan todavía hoy los restos del insigne escritor Miguel de Cervantes.    


Reza como si todo dependiera de Dios. 

Trabaja como si todo dependiera de ti.

(San Agustín)

Siguiendo el curso de la historia, el protagonista de esta biografía, ávido lector, fue llevado por su padres a un internado de los franciscanos TOR (Tercera Orden Regular) en Arnedo (Logroño), Nuestra Señora de Vico, posteriormente reconvertido desde hace unos años en Monasterio Cisterciense de la Estricta Observancia (Trapenses). 

La soledad es una gran maestra para el alma.

(Benito Pérez Galdós) 


Allí cursó parte de los estudios de bachillerato que en su literario pueblo no podía hacer. A los 13 años, mientras se afanaba en hacer las ilustraciones de un libro de texto, que estaba preparando el director del colegio, P. Florentino, topó accidentalmente con el libro “La Comunidad errante” de Felipe Ximénez de Sandoval, Ed. Studium (1959), quien de forma poética y llena de fuerza expresiva narra las peripecias del inicio de una Comunidad cisterciense en España Citeaux. Quedó tan profundamente cautivado por la historia que, ni corto ni perezoso, se dispuso a escribir a uno de los Monasterios que aparecen en el libro: la Abadía Cisterciense de Nuestra Señora de La Oliva, en Carcastillo (Navarra). Tamaña osadía se corresponde bien con el talante quijotesco de un extraviado, que no distingue la realidad de la fantasía ¿qué iba a hacer un niño de 13 años en un monasterio de rígidas costumbres y dureza extrema, que vivía aún con costumbres casi medievales, elegidas así libremente? Pero aquella carta, de la que no guardo copia -¡ay pobre de mí!- llegó a su destino, y pasado cierto tiempo, recibí contestación. Evidentemente, me contestaba el P. Eduardo Rincón, maestro de novicios del monasterio, en nombre del Superior de la Comunidad, entonces el P. Bernardo. Supe después que, al entregarle mi carta al P Eduardo, el Superior le dijo, más o menos, “recuérdele que esto no es un colegio, y aquí no se admite a menores”. Pese a todo el P. Eduardo añadía que podíamos seguir en contacto por carta, y que con el tiempo “ya se vería”. Y así fue, los años fueron pasando. Yo proseguí mi bachillerato superior, ahora en un internado en Palma de Mallorca, pero escribiendo de vez en cuando a La Oliva. Cuando acabé el Preuniversitario y, por tanto ya era mayor de edad, volví a retomar el contacto con el P. Eduardo. Yo me había matriculado en Filosofía y Letras en la Complutense, en Madrid. El P. Eduardo me sugirió que quizá fuera ya hora de conocernos personalmente, y que podía ir al monasterio a pasar los días de la Semana Santa. Todo era un gran secreto, pues ni a mis padres ni a nadie les había dicho absolutamente nada de esta aventura. No recuerdo ni cómo, ni con qué dinero, ni de qué manera, pero finalmente llegué a Carcastillo,  tras haber hecho transbordo en  no sé cuántos lugares y estaciones.

He descubierto que toda la desgracia de los hombres 

viene de una sola cosa:

no saber quedarse tranquilos en una habitación.

(Blaise Pascal)

Los días en La Oliva pasaron veloces, llenos de fantasía, ensoñaciones y vivencias. Conocí al P. Eduardo, que desde el primer segundo, me trató como a un hijo, lleno de afecto y respeto. Con él hablé largo y tendido esos días, y él me explicó su forma de vida, las dificultades y grandezas que suponía la vida monástica cisterciense, sin concesiones de ningún tipo a lo humano; sólo importaba lo espiritual.Y así, a finales del mes de julio del año del Señor 1971 yo entro en La Oliva, con la firme resolución de abandonar definitivamente las vanidades del mundo y sus obras, con el inmenso regalo añadido de hallar aquí una auténtica familia. 

El viaje más maravilloso no es al centro de la tierra,

ni a los confines del universo, 

sino al interior de uno mismo.

(Julio Verne) 


Quizá sin intuir ese empuje interior familiar y persiguiendo sin saberlo también el mismo ideal, cual caballero andante, Louis LePrince mudó entonces a la Abadía benedictina de San Salvador de Leyre (Navarra), donde, además de proseguir sus estudios musicalesde canto gregoriano y piano, realizó una parte de los estudios eclesiásticos, filosofía, teología, historia, estética, oratoria, finalizándolos en la Abadía de San Pedro de Solesmes (Francia), pudiendo bucear en sus inquietudes nunca satisfechas, bajo la atenta tutela de uno de los mejores gregorianistas del siglo XX, Dom Jean Claire.



Hay momentos en que el tiempo se detiene de repente,

para dar lugar a la eternidad.

(Fiódor Dostoyevski)



    Siempre alerta y en busca de una mayor perfección, prosiguió su formación musical en históricos monasterios, aprendiendo de venerables y carismáticos monjes –Dom Plácido Arenaz, entre otros- las artes y el secreto del canto eclesiástico, tan utilizado en la liturgia monástica. Fue poco después cuando la obediencia quiso que prosiguiera su cuidada formación en añejos Conservatorios, especializándose entonces en las nobles artes de la Musicología –el arte de desentrañar el hecho musical-, la Pedagogía –el arte de transmitir los valores y riqueza de las obras-, el Piano -que tanto ayuda a abordar al rey de los instrumentos el órgano-, y Canto, para cultivar el instrumento primero de la humanidad, la voz. 

El profesor mediocre habla. El buen profesor explica.

El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira.

(William Arthur Ward)

   

El viaje más maravilloso no es al centro de la tierra,

ni a los confines del universo, 

sino al interior de uno mismo.

(Julio Verne) 


    Hizo también una prolífica incursión en el campo de la traducción -latín, francés e italiano- vertiendo al español una treintena de títulos, de historia, literatura, psicoanálisis, literatura infantil, espiritualidad, así como gran cantidad de guiones cinematográficos y programas documentales para TV. Tras lograr las acreditaciones de Traductor Jurado del Ministerio de Asuntos Exteriores, en Francés e Italiano, colaboró fecundamente con organismos públicos y privados. 

La mayoría de las personas 

están tan absortas en el mundo exterior

Que no son conscientes 

de lo que está pasando dentro de sí.

(Nikola Tesla)

Posteriormente, ya en la Universidad de Zaragoza –ciudad a la que está íntimamente ligado por cuestiones obvias- obtuvo además el grado de Doctor en Historia, con un estudio acerca de uno de los seis manuscritos litúrgico-musicales hallados en Munébrega (Zaragoza), acrecentándose así el patrimonio de códices medievales aragoneses. La tesis fue publicada con el título El manuscrito Munébrega I. Un testimonio aragonés de la cultura litúrgico-musical de los siglos XIII-XIV en el contexto europeo.


Podemos perdonar a un niño que tema a la oscuridad. 

La tragedia de la vida es cuando un hombre teme a la luz.

(Platón)

Cual caballero errante, fue largos años profesor en diferentes Conservatorios Superiores; y en la década de los noventa aceptó, no sin antes velar armas como su admirado don Quijote, el nombramiento de Director de la Cátedra de Música Medieval Aragonesa, de la Institución "Fernando el Católico" (CSIC), Diputación de Zaragoza. Desde esta privilegiada atalaya artístico-investigadora, junto al imprescindible y por encima de todo fiel y entrañable amicus maese  Pedro Calahorra, dirige numerosos y ricos trabajos de investigación y edición, en lo tocante a códices y manuscritos del medioevo aragonés. 

En esa misma época funda y dirige la Schola Gregoriana Domus Aurea,  grupo especializado en repertorios musicales del medioevo. En jugosa colaboración con el maestro organista/clavecinista/investigador, amén de siempre amigo del alma, Jesús (Chus) Gonzalo López, ofrecen innumerables conciertos, hacen grabaciones discográficas y videográficas, en variado contento. Profundamente y para siempre quedará marcado por la amistad de estos dos ilustres, generosos y grandes amigos, Y quizá como colofón a esta andadura, la “locura” de aunar el canto gregoriano con el flamenco de un cantaor gitano, Tutero, de Huesca, en una Gala en el Auditorio de esta ciudad. 

Se llama nostalgia, y sirve para recordarnos

que, afortunadamente, somos también frágiles.

(Cesare Pavese)


    En las desventuras comunes se reconcilian los ánimos

y se estrechan las amistades.

(Miguel de Cervantes)

Y quizá como “loco” colofón a esta andadura, el mágico intento de aunar el canto gregoriano con el cante jondo de un cantaor gitano, Tutero, de Huesca, en una Gala en el Auditorio de esta noble esta ciudad.

 

Cante jondo y canto gregoriano

 

    Pero uno de sus mayores logros, su mayor honra y mejor tarea, siempre inconclusa,  haya sido, es y será ser guía musical y amigo del alma de Benedictinas, 




    Para dilatar asimismo el mágico círculo de esta aventurada existencia, acepta la propuesta que le hace el maestro Chus Gonzalo López, director de " El Órgano", 

programa de Radio Clásica, con el fin de acercar el “Santoral” a los escuchantes, cada cuarto domingo de mes.

La música es una oración muda del alma,

porque no usa palabras.

Hay más alma en el sonido que en el pensamiento.

(Leon Tolstoi)

Y en fin, de todo lo hasta aquí sugerido se infiere que ya en las primeras luces de la morada familiar y en las últimas, cuando la noche del alma va haciendo su camino, esta biografía está embebida del ideal quijotesco, místico, espiritual, inflamado de ansias de conocimiento y de pasión por la verdad y la belleza. 

    Como cabal caballero andante, reconoce que nada hubiera sido posible sin todos los hasta aquí mencionados. A ellos debe el estar y el ser, junto a otro firme cayado, sin el cual ni siquiera hubiera sido posible empezar este cegador y serpenteante camino. Son ellos y ellas los que mueven cada día la barca, mecida al son de centenarias e innumerables melodías.

Yo siempre vivo en la oscuridad,

pero en mi mente siempre brilla un sol.

(Alda Merini)

    Son ellos y ellas los que justifican este recorrido por distintos países y lugares; son ellos y ellas los que han iluminado profusas veces la oscuridad del camino; son ellos y ellas el TODO, y él sin ellos la NADA. Al final la vida, feria de vanidades, se recapitula en darse sin reservas, desde el principio del mundo hasta el final de los siglos, porque sólo en la vida de los demás tiene sentido el propio recorrido vital.

Horas serenas del ocaso breve, 

cuando la mar se abraza con el cielo

y se despierta el inmortal anhelo

que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.

(Miguel de Unamuno)

 

Media Vita. Monasterio de Silos.

Media vita in morte sumus

Quem quaerimus adjutorem nisi te, Domine?

Qui pro peccatis nostris juste irasceris

*Sancte Deus, Sancte fortis,

Sancte et misericors Salvator,

Amaræ morti ne tradas nos.

*In Te speraverunt Patres nostri,

speraverunt et liberasti eos.

*Ad Te clamaverunt Patres nostri,

clamaverunt et non sunt confusi.

*Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto:

sicut erat in principio, et nunc, et semper, 

et in sæcula sæculorum. Amen. 

lunes, 13 de abril de 2026

II. Un francés en El Toboso. Entorno: Soueich, Aspet y Saint-Bertrand de Comminges.

II. Entorno:

Soueich, Aspet 

y Saint-Bertrand de Comminges

 

Claustro de Saint Bertrand de Comminges.

 

 

Leer es viajar; viajar es leer.

Víctor Hugo

 

 

 

 

Esta carta, que empiezo a escribir en esta noche del año 1850[1], se dirige a mis queridos hijos Felipa Juana Manuela, +Cayetano Julián, Cayetano Fausto y Manuel. Quiero con estas letras poner por escrito lo que ya me han oído muchas veces de viva voz:

- orígenes en Soueich, Francia,

- infancia,

- familia,

- costumbres de comida y vestimenta,

- traslado del reino de Francia al reino de España en el año 1796,

- separación de mi querida familia de allende los Pirineos,

- viaje a través de los Pirineos y media España,

- instalación en mi nuevo hogar de El Toboso, en la provincia de Toledo,

- matrimonio y el nacimiento de mis hijos.

Y lo hago sobre todo para que quede constancia de estos hechos familiares para los que vengan después, y así pueda entenderse mejor mi decisión y las consecuencias que acarreó.Tengo que decir que de nada me arrepiento, de todo estoy orgulloso, aunque sí lamento haber dejado atrás, para siempre, mis raíces familiares, mis lugares amados de la infancia y de la juventud, y los bellos y verdes paisajes que cambié por los infinitos campos manchegos, más áridos y más secos. Los casi 1.000 kilómetros que separan Soueich[2] -mi lugar de nacimiento y de mi familia-, de El Toboso -mi actual y definitivo lugar de residencia- no han supuesto nunca la ruptura de los vínculos con mi querida familia, aunque, bien es cierto, que no ha sido siempre fácil sortear las dificultades para mantenerlos vivos, en estos tiempos tan complejos que nos ha tocado vivir.

Quiero también mencionar, siquiera de forma breve, algunos acontecimientos o hechos que no afectan sólo a nuestra familia, sino a la sociedad en general, para que pueda vislumbrarse el contexto social, cultural, antropológico, laboral, costumbrista, local… y así poder tener una idea más global de las decisiones y realidades de mi vida. Procuraré narrar con el mayor rigor posible todo lo concerniente a las dos etapas de mi vida, a mis dos familias, incluyendo, claro está, a las personas más cercanas y queridas, en uno y otro lugar, así como los acontecimientos o sucesos que han acompañado mi larga vida.

Cuando esto escribo, mis hijos ya se han casado y formado su propia familia, conscientes siempre de dónde vienen y dónde están. Bueno, tengo que hacer una triste excepción, y es la muerte muy prematura de mi hijo Cayetano Julián, víctima de una enfermedad muy típica de la infancia, que tanto dolor nos produjo a su madre y a mí, y que tanto nos costó superar. Por eso, y sólo por eso, al hijo siguiente le pusimos el mismo nombre en recuerdo y memoria de quien tan pronto nos había dejado.

Ante el hecho de poner por escrito este relato, he de confesar que he tenido grandes maestros en el arte de escribir historias y narrar peripecias, pues crecí a la sombra de unos padres maravillosos, cultos y sabios, y unos abuelos extraordinarios que habían recibido todos los dones posibles: el abuelo, entre otras cosas,  escribía mucho, con una letra elegante y virtuosa. Hay que tener en cuenta al respecto que en esta época había un gran número de personas que no sabían leer ni escribir, o sabían leer pero no escribir[3].

 

Firma de Charles Le Prince

 

 La abuela, además de escribir muy bien, tocaba el piano y el clavecín con un arte magistral, que trató de transmitirlo a sus nietos sin conseguirlo[4]. Al abuelo lo imito yo ahora, escribiendo aquí en este escritorio castellano, con el tintero y la pluma de oca, procurando que no caiga borrón alguno, porque mal escribano es el que emborrona lo que escribe, aunque en Castilla se afirma que el mejor escribano echa un borrón.

Desde que abandoné Francia para venir aquí han sucedido muchas cosas, algunas de las cuales procuraré reflejarlas por haberlas vivido en primera persona. Quizá de las más sobresalientes es el cambio de siglo, del s. XVIII al s. XIX. A caballo entre los dos siglos yo me he acostumbrado definitivamente a los usos y costumbres hispanos, y he ido dejando atrás las tradiciones galas en las que nací y viví durante muchos años. El cambio merecía la pena. En adelante, y si la memoria no me falla, lo iré desgranando todo, poco a poco.

Como ya he adelantado, es mi intención y mi deseo que a través de estas líneas mis hijos y los hijos de mis hijos puedan conocer el entorno en el que nací y viví hasta mi venida a El Toboso. Así, cuando puedan viajar y visitar estos lugares, les serán ya familiares a través de mis palabras. No se trata de un libro de viajes, al modo de Fleuriot[5] o de Arthur Young[6], pues pretendo transmitir algo más íntimo y personal, aunque a veces se muestre costumbrista o localista.

Mi padre, Jean, recordaba lo que mi abuelo Charles le contó muchas veces, alrededor de la chimenea en invierno o debajo de la higuera del jardín en verano, que el origen de nuestra población, Soueich, parece ser muy antiguo. Se trata de un lugar donde las tradiciones célticas se mantuvieron durante la época galo-romana, así como las tradiciones populares. Contaba también que debió de estar cerrada y fortificada, porque a la entrada de la calle del Paty (plaza) hay una puerta fortificada. Alrededor de ella era el lugar preferido por nosotros y otros niños para jugar y pasar los ratos de asueto.

 

Iglesia de Soueich, al lado del río Ger.

 

Insistían también en que su nombre parecía ser de origen occitano, del Languedoc[7]. Y según el último censo que se hizo viviendo yo todavía allí tenía 1.384 habitantes.

De mi padre oí también que era una tierra muy fértil gracias al río Ger que la atravesaba, así como al arroyo Chevalier de Saint Paul, y otras pequeñas corrientes de agua que bajaban desde los Pirineos. No habría escasez de agua en nuestra villa mientras el mundo fuera mundo, eran sus palabras.

Y cuando se referían a la historia del lugar afirmaban que, según los libros de que disponían, en la Edad Media formaba parte del señorío de Salies, aunque esta noble villa tuvo también Señores particulares. Y según habían leído en los escritos de Charles Higounet, los Templarios de Montsaunès tenían posesiones en Soueich.

Al disponer el abuelo de los derechos de un Señorío[8], defendía que Soueich no formó parte de la baronía de Aspet. Cuando se impuso la administración real, Soueich fue asignado al señorío de Salies, como ya he mencionado. El pueblo perteneció a los Hospitalarios de Montsaunès, por lo que siempre disfrutó de una protección particular.

El señorío de Soueich había entrado en la casa de Saint-Jean de Pointis a principios del siglo XV a través del matrimonio de Roger de Saint-Jean, capitán gobernador de Saint-Lizier, con Marguerite d'Izaut, dama de Soueich. Y añadía en concreto que disponía de dos molinos de trigo con dos muelas y un molino de telas. Después este  señorío se dividió entre sus dos hijos, Tristán y Gaudens; y este último transmitió su parte, así como el título señorial, a sus descendientes directos que lo conservan hasta Jean-Jacques (1687-1752).

En este punto tanto mi abuelo como mi padre discutían acerca de si nuestro Señorío tenía que relacionarse o no con el histórico de Soueich. Y lamentaban que no hubiera habido hasta este día algún cronista avezado o historiador que lo hubiera puesto por escrito, aclarando de una vez esta cuestión. Bien es cierto que a la casa Leprince no le podía afectar esta controversia, si la hubiera, porque sus posesiones y sus tierras estaban perfectamente descritas y estipuladas en los documentos que el abuelo conservaba a buen recaudo en una caja fuerte de madera con varias cerraduras metálicas, de las que solo la abuela y él conocían los secretos.

Cuando ya se creía cerrado este debate, se empezaba a dilucidar la cuestión del pueblo de mi madre, Aspet[9], del que también conocían, naturalmente, su historia. Decían que la existencia de Señores está atestiguada en los libros desde la Edad Media, en una carta de costumbres de 1383.

Lo cierto es que la baronía de Aspet sigue en importancia al condado de Comminges. Y el último Señor se llamaba Enrique III de Navarra, futuro Enrique IV[10].

Mi madre, como es natural, siempre ha mantenido sus vínculos familiares en Aspet: sus padres, sus hermanos, su querida familia. Y siempre manifestó que le costó mucho desprenderse de ellos cuando se enamoró de mi padre, y, al casarse, irse a vivir a Soueich. Por el contrario, mi hermano Jean François, al casarse, se mudó a vivir a Aspet, donde ejerció su profesión de officier de santé.

 

Saint Bertrand de Comminges

 

            Y después de  hablar de nuestra villa y de Aspet, le tocaba a St. Bertrand[11] de Comminges, la «joya de la corona», según la denominaba el abuelo. Le gustaba describir esta ciudadela como un gran edificio de piedra, con aspecto de fortaleza inexpugnable, sobre una colina, a más de 500 metros de altitud, con el río Garona corriendo a sus pies. Decía que era una especie de puerta al Valle de Arán, Toulouse y Tarbes, situada en el centro de una red de antiguas carreteras romanas.

Le encantaba la Catedral de Santa María de Comminges[12] , porque fue un enclave importante en la ruta jacobea que atravesaba Francia por el norte de los Pirineos, una variante del llamado «camino de Arlés». Multitud de peregrinos se acercaban a venerar la tumba del que ya era conocido como el Santo de los Pirineos. Consta –decía- de una catedral románica, del siglo XII, una catedral gótica, del siglo XIV, de estilo gótico meridional, y de una catedral renacentista, del siglo XVI.

Además le resultaba siempre inevitable detenerse ante uno de los más bellos órganos clásicos de Europa, encargado por el obispo Jean de Mauleón, construido alrededor de 1550. Único, porque tiene forma de esquina, y se apoya sobre cinco columnas corintias de madera de roble, mientras que para el resto se combinan el nogal y el tilo. Su decoración incluye temas religiosos y profanos, como los Trabajos de Hércules.

Órgano de la Catedral de St. Bertrand de Comminges

 

Al hablar del órgano, contaba con mucho orgullo que, hace ya muchos años, la abuela tuvo el privilegio de tocarlo cuando la mandó llamar el señor obispo. Resulta que el organista titular había enfermado de repente, y siendo la fiesta del patrón de Saint- Bertrand no tenían a nadie que pudiera tocar en su lugar. Conocedor del arte de la abuela Françoise la mandó llamar. Y, claro, fue la ocasión con la que ella soñaba desde niña.

Y tenía además una especial predilección por el coro renacentista: un extraordinario trabajo realizado por escultores, ebanistas, imagineros…, a lo largo de diez años. Es una «iglesia de madera», una obra maestra, una iglesia dentro de una iglesia. Los trabajos se iniciaron bajo el episcopado de Jean de Mauleón la víspera de Navidad de 1535. Se compone de 66 asientos (estalos), separados por apoyabrazos. Al plegarse el asiento, una «misericordia» permite a los canónigos apoyarse en ella y descansar de pie.

 

Claustro de Saint-Bertrand-de-Comminges

 

 

Finalmente, no podía dejar de exultar de gozo al hablar del claustro románico[13], anexo a la iglesia, abierto al inmenso valle, y de una riqueza y belleza imposibles de describir.

Este era nuestro entorno más cercano, nuestra vida, nuestro orgullo, aunque tampoco podíamos olvidar la maravillosa y cercana ciudad de Saint-Gaudens[14], donde teníamos familia muy querida, y la ciudad algo más lejana, pero siempre presente en nuestras vidas, la luminosa y ciudad rosa de Toulouse[15].

 

 



[1] Coincide con el reinado de Isabel II (1843). España deja de ser absolutista y se convierte en una monarquía parlamentaria constitucional, ya que tiene una constitución o ley suprema elaborada por los representantes de la nación que establece la igualdad ante la ley. Se divide el territorio en provincias y se amplía el Estado con nuevas instituciones. Los liberales se dividen y se turnan en el poder elaborando varias constituciones de esas dos tendencias:  

- Liberalismo moderado. Partidarios de una monarquía parlamentaria en la que voten solo los propietarios más ricos (1% de la población) y que el poder esté repartido entre el parlamento y el monarca. 

- Liberalismo progresista. Partidarios de una monarquía parlamentaria en la que voten más propietarios (10% de la población) y que el parlamento tenga más poder que el monarca. 

https://www.profesorfrancisco.es/2021/02/historia-espana-siglo-xix.html#google_vignette

[2] Soueich es una población y comuna francesa, en la región de Mediodía-Pirineos, departamento de Alto Garona, en el distrito de Saint-Gaudens y cantón de Aspet

https://es.wikipedia.org/wiki/Soueich#Enlaces_externos

[3] Niveles de alfabetización en la España del Siglo XVIII. Primeros resultados de una encuesta en curso. Por Jacques SOUBEYROUX. Universidad de Montpellier. https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/5024/1/RHM_05_05.pdf.

[4] Mucho más tarde tendrá una digna sucesora en Manuela Prensa Cano, que a los 18 años tocaba magistralmente el piano y el órgano, escribía con elegancia, pintaba y tenía unas dotes artísticas extraordinarias, como más adelante se leerá en uno de los Anexos.

[5] Fleuriot, Jean-Marie-Jérôme (1749-1807). Voyage en Espagne - Cinquième édition. Avec figures et Carte géographique. - Paris : Chez J.J. Lucet, 1796 (Al fin: Imp. Beauvais). - 4 h., 262 p., 1 h.  [GMM/2076].

[6] Young, Arthur (Londres, 1741-1820). Voyages en Italie et en Espagne, pendant les années 1789 et 1789 / traduction de M. Lesage. - Paris : Guillaumin et Cie., 1860 (Impie. Noblet). - p. ; Gr. in 18º.  [BA/296].

[7] Dom Valsette. Historia general de la provincia de Languedoc hasta 1830, comentada y continuada por Alejo Duméye, 1838–1845, 40 volúmenes.

[8] Ya se ha hablado anteriormente de las características del señorío.

[9] La baronía de Aspet fue, en la Edad Media, el señorío más importante de la región después del condado de Comminges. El primer señor conocido, Raymond-At, está atestiguado en 1068. La baronía cambió de manos varias veces, pasando sucesivamente a la familia de Coarraze, luego a la casa de Foix y, finalmente, a la de Albret, pero no estuvo unida a la Corona de Francia hasta 1607, bajo el reinado de Enrique IV, que fue su último señor. La historia ha recordado especialmente el nombre de Dame Barrave, que dio carta de naturaleza a la ciudad, y el de Catherine de Coarraze, que murió en 1492, y a quien se debe, en particular, la fuente que adorna la plaza principal de la ciudad. Aspet estaba rodeado de muros. Lo único que queda de las antiguas fortificaciones es la torre del homenaje, que hoy sirve de campanario. El plano de la ciudad sigue siendo testigo de este pasado medieval. El origen del nombre del pueblo no es unánime... Para algunos, el prefijo -asp. procede de la raíz de la palabra latina "asper" que designa un lugar escarpado. Por el mismo principio, "Aspeigt" en Ossau significa "valle muy empinado" y "Aspé" cerca de Gavarnie significa un "valle escarpado". Para otros, el nombre "Aspet" se acerca a "Espet, Aspeg, Ezpel" que, en euskera, se refieren al boj.(https://opyrenees.fr/wp-content/uploads/2023/06/ESPAGNOL-Brochure-Aspet.pdf ).

[10] Enrique de Borbón (Pau, 13 de diciembre de 1553-París, 14 de mayo de 1610) fue rey de Navarra​ con el nombre de Enrique III entre 1572 y 1610, y rey de Francia como Enrique IV entre 1589 y 1610, primero de la casa de Borbón en este país, conocido como Enrique el Grande (Henri le Grand) o el Buen Rey (Le bon roi Henri) y copríncipe de Andorra (1572-1610).

[11] Bertrand era nieto del conde de Toulouse y fue obispo de Comminges, adonde fue a vivir en 1063. Fue canonizado en 1218. 

[12] La Catedral de Nuestra Señora (Notre-Dame) de Saint-Bertrand-de-Comminges fue declarada monumento nacional francés en 1840, mientras que su claustro obtuvo la misma consideración en 1889. En cuanto se divisa Saint-Bertrand-de-Comminges, se ve la imponente Catedral Sainte-Marie (Santa María), que domina con majestuosidad el pueblo y sus alrededores. Esta proeza arquitectónica, inscrita en el Patrimonio Mundial de la UNESCO en conformidad con el Camino de Santiago de Compostela. Es una obra maestra del arte romano-gótico, y se pueden admirar los numerosos tesoros que se encuentran en el interior. Al entrar se distingue el órgano monumental de la catedral, clasificado como Monumento Histórico. Su decoración detallada evocando los 12 trabajos de Hércules son de una finura extraordinaria, pero es asistiendo a uno de los conciertos cuando quedarán fascinados por este instrumento de excepción. No es de extrañar que se considere uno de los órganos clásicos más hermosos de Europa. Un poco en las afueras de la ciudad, su paseo cultural prosigue hasta la Basílica Saint-Just de Valcabrèreuna de las iglesias románicas más bonitas de la región. Los aficionados a la arquitectura admirarán este ejemplo perfecto de sobriedad y disfrutarán de una vista sobre la ciudad y la Catedral de Saint-Bertrand-de-Comminges que les quitará el aliento.

(Cfr.https://es.tourisme-stgaudens.com/descubrir/los-imprescindibles/saint-bertrand-de-comminges-el-monte-san-michel-de-los-pirineos/ ).

[13] El claustro, que tiene forma de cuadrilátero irregular, está situado al sur de la iglesia, prácticamente suspendido sobre el entorno de valles y montañas que lo rodean. Es uno de esos encantadores lugares donde el románico y la naturaleza se combinan para crear una magia que no deja indiferente al visitante, quien no sabe si concentrar su atención en capiteles y galerías o en el verde paisaje que se divisa desde la galería sur. Cuenta con 25 capiteles esculpidos distribuidos entre las galerías este, oeste y sur. La galería occidental es el único vestigio del siglo XII y, sin duda, la parte más interesante del claustro. El cuarto capitel de esta galería está soportado por el elemento más característico y conocido: un fuste con las imágenes de cuerpo entero de los cuatro evangelistas, los cuales sostienen sobre un brazo el símbolo que los representa. La imagen que da al patio prácticamente se ha perdido, pues tan sólo conserva trazas de sus pies. Una atenta mirada a la parte inferior de estas estatuas-columna nos permite apreciar que sus cuatro figuras fueron esculpidas sobre un fuste acanalado de una columna romana procedente, sin duda, de alguno de los muchos restos de la ciudad romana de Lugdunum Converanum. Otros elementos reutilizados, son las dos partes que forman el fuste del primer capitel de la galería. Llama la atención el tamaño de la parte inferior. Tan sólo hay capiteles con representación figurada en la galería occidental, de los cuales sólo uno está inspirado en las Escrituras, el tercero, que narra el ciclo de Adán y Eva y la historia de Caín y Abel. En esta última escena llama la atención que el arma utilizada por el primer fratricida parece ser una piedra y no una quijada. En el cuarto capitel podemos ver personajes realizando trabajos agrícolas, que posiblemente representen un calendario con las labores propias de cada mes, lo que podría tener relación con el posible zodíaco representado en el mismo capitel, pero en un nivel superior. La presencia de un centauro sagitario, del signo de capricornio, de un escorpión y de un toro, parecen no dejar lugar a dudas respecto a la hipotética interpretación zodiacal. Sobre este mismo capitel, en el cimacio, unos caballos ricamente ensillados, sin jinetes y unos ciervos nos pueden hacer pensar en una escena de cacería. El resto de los capiteles de esta galería contienen decoración vegetal, de cestería, representaciones animales, la lucha de hombres y dragones y a un hombre y una mujer sosteniendo las riendas de sendas parejas de corceles ensillados.

Las galerías sur y este son ya de época gótica, si bien han mantenido las arcadas de medio punto. La galería sur está constituida por once parejas de capiteles sobre columnas geminadas, salvo el conjunto central, que está formado por cuatro fustes. Dos de los capiteles, los decorados con cestería, son una sola pieza, más que una pareja y pueden ser considerados de factura románica, obra de la misma mano que trabajó en el capitel 8 de la galería oeste.

En la galería oriental se conserva la portada y dos arcadas de la sala capitular. En esta galería hay otro capitel con decoración de cestería similar a los ya mencionados.

(Cfr.http://www.claustro.com/claustros/webpages/hautegaronne/claustros_stbertrand.htm )

[14] La colegiata de Saint-Pierre y Saint-Gaudens en la localidad también llamada de Saint-Gaudens es una importante iglesia románica de la Occitania francesa. Se considera uno de los mejores templos medievales de la región por diversas razones. Una de ellas es importante por su antigüedad, pues se comenzó a construir a finales del siglo XI, dentro del Románico Internacional Pleno.

[15] Conocida como la ciudad rosa, Toulouse se caracteriza por la infinidad de edificios que predominan en este color y que la hacen ser una referencia en todo Europa por este estilo arquitectónico.