Luis Leprince-Prensa Villegas.
¿Toda mi vida?
La mystique dans l'art, la mystique dans la vie,
la mystique dans la nature,
voilà ce que je cherche,
et c'est dans les grandes symphonies musicales,
dans l'initiation à la tristesse,
dans les profondeurs de la mer,
que je puis le trouver.
(Oscar Wilde)
Derrière les ennuis et les vastes chagrins
Qui chargent de leur poids l’existence brumeuse,
Heureux celui qui peut d’une aile vigoureuse
S’élancer vers les champs lumineux et sereins.
(Charles Baudelaire)
- ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué los hidalgos, y en qué los caballeros? ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía?
- Unos dicen loco, pero gracioso; otros valiente, pero desgraciado; otros cortés, pero impertinente; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano.
- Mira, Sancho… Dondequiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida. Pocos o ninguno de los famosos varones que pasaron dejó de ser calumniado de la malicia.
(Miguel de Cervantes)
Ante la miseria humana, afirmo con Arthur Rimbaud que ce n'est qu'au prix d'une ardente patience que nous pourrons conquérir la cité splendide qui donnera la lumière, la justice et la dignité à tous les hommes. Y con Pierre Lecomte Du Noüy ratifico que Il n'existe pas d'autre voie vers la solidarité humaine que la recherche et le respect de la dignité individuelle.
Por eso... cuanto sigue... y seguirá...

Fue un 14 de mayo de ignoto año del Señor cuando yo, Luis LEPRINCE-PRENSA VILLEGAS, vi la luz en El Toboso (Toledo), patria de la sin par Dulcinea, mientras repicaban las campanas para la misa mayor, pues ese día coincidía ser la fiesta del patrono de la población, el Smo. Cristo de la Humildad. Años más tarde me contarían que, tras el dolor del parto y la alegría del nacimiento, mi madre se echó a llorar, cosa por otro lado normal en estas circunstancias debido a la emotividad que impregna un suceso similar. Pero ella no lloraba de alegría, aunque también; las lágrimas acudieron abundantes a sus ojos porque el recién nacido no era lo que ella ansiaba, una niña, después de dos niños varones. Mi padre se acercó entonces a su cabecera y le susurró con cariño: "no llores, que no sabemos para qué viene éste"; éste era yo, evidentemente. Muchos años más tarde me lo recordaría más de una vez, dando gracias a Dios de mi nacimiento porque pude ser sostén de ambos en los momentos más difíciles de su vida.
Sí, acababa yo de nacer, de ver la luz, de vislumbrar los rostros que serían para siempre los más amados de mi vida: mi madre y mi padre, y también mi abuela Valentina, en cuya casa vivíamos entonces, a la sombra de la torre de la iglesia. Podría decirse que era una especie de preludio ese repique de campanas cuando yo asomaba a la vida, pues a partir de entonces su evocador sonido nunca se apartó de mi vida, de mil maneras, en mil lugares, en las fiestas y en las tristezas.
Fue mi infancia absolutamente cuando menos singular, pues como me diría muchos años más tarde Sor Sagrario, clarisa amada, "pueblo pequeño, gran infierno". ¡Ay cuán verdad era ese dicho en boca tan santa! Pese a todo y a través de mi amada familia y del literario entorno empezó a modelarse en mí el amor por el arte, la literatura, la lectura y la música, con evidentes efluvios quijotescos, de los que me siento especialmente orgulloso.
Tengo que hacer aquí un paréntesis y arrepentirme hasta el infinito por no haber querido secundar los deseos de mi abuela Valentina de que fuera a tomar clases de música con el Maestro de la Banda, y profesor de la escuela de música. Sí, fui una vez, arrastrado por ella; pero no creo recordar que volviera ningún día más. Mi arrepentimiento es tan cierto como que después, en toda mi vida dedicada a la música, me hubiera sido de inestimable ayuda saber tenido ya desde tan niño esa formación. Pues no; el niño era tozudo, y luego hubo de suplir lo que ya debiera tener adquirido.
Pero antes de seguir es preciso indicar el origen de apellido tan escaso en tierras hispanas: eran entoces tiempos convulsos en la vecina Francia entre 1789-1799. En efecto, LePrince-Prensa Villegas es de antiguo linaje francés –LePrince = Prensa-, y como veremos, podría haber nacido en la preciosa villa medieval gala Saint Bertrand de Comminges .
(En el post siguiente de este blog se da todo detalle de este apellido).
Precisamente a ese obispado pertenecía el primer LePrince-Prensa que aparece en nuestra historia, a finales del siglo XVIII. Pero al nuestro le fue destinado nacer lejos de las raíces de sus ancestros: en El Toboso (Toledo).
En la noble villa de El Toboso, Patria de la sin par Dulcinea, amada del Quijote, a través de su familia y de su literario entorno empezó a modelarse su amor por la mística, lo sacro, el arte, la literatura y la música, con evidentes efluvios quijotescos, de los que se siente especialmente orgulloso.
De su padre, Juan de la Cruz heredó, entre otros extraordinarios valores, el amor por la música, pues ya desde niño tocaba el fliscorno en la banda de la villa.
Y de su maravillosa madre, Tomasa, entre otros extraordinarios valores, amor por el canto, pues su melodiosa voz hizo que perteneciera desde muy joven al gran coro de la parroquia, que, sabiamente dirigido, preparaba e interpretaba programas nada fáciles pero muy hermosos, de autores clásicos hispanos y de otros lugares.
El profesor mediocre habla. El buen profesor explica. El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira. (William Arthur Ward).
Y de su noble villa heredó además el amor por los monasterios, sus monjas, su escondida vida, su liturgia diaria, sus tesoros artísticos y espirituales, amén de otra manera de entender y vivir la vida, desde el silencio y la contemplación, lejos del agitado mundo y de sus vanidades. Allí tuvo la suerte de poder conocer y tratar, en la medida que la clausura monástica lo permitía:
las monjas Clarisas
Me parece extraño que alguien no comprenda ni respete la decisión
de una persona que ha tomado la determinación de ser invisible.
(J. L. Borges)
haber tenido, una vez en la vida, una primavera sagrada
que colme el corazón de tanta luz
que baste para transfigurar todos los días venideros.
(Rainer Maria Rilke)
He sido un hombre afortunado en la vida: nada me fue fácil.
(Sigmund Freud)
Si nos remontamos ahora en el tiempo, entre sus tías-abuelas, que como es obvio no tuvo el privilegio de conocer -¡ay, qué pena!-, hubo una, Manuela Prensa Cano, hoy ya Beata de la Iglesia, MÁRTIR de la triste contienda civil española, en la que merece detenerse siquiera un instante, por la luminosidad que transmite.
Tu casa está donde cesan todas tus tentativas de huida.
(N. Mahfouz)
Desde su infancia demostró una cultura nada común: escribía muy bien y, según los documentos, poseía una caligrafía extraordinaria, que aparece también reflejada, además de en los escritos oficiales del monasterio, en las pequeñas obras de teatro que se representaban en la Comunidad en los días de gran fiesta. Pero no es sólo eso: cuando entró al Monasterio, a los 18 años, llevaba ya consigo una cultura musical nada común: tocaba el piano y el armonium/órgano. Y por si todo esto fuera poco, dominaba también el arte de la pintura. Pese a las muchas promesas que ofrecía el mundo a persona tan llena de cualidades, ella entró en el Monasterio de Monjas Concepcionistas de la calle Sagasti, 19, de Madrid, en cuya Villa tenía además otra hermana monja, por más señas Trinitaria, en el barrio de las Letras,en el Monasterio de San Ildefonso y San Juan de la Mata, en cuya iglesia se conservan todavía hoy los restos del insigne escritor Miguel de Cervantes.
Trabaja como si todo dependiera de ti.
(San Agustín)
Siguiendo el curso de la historia, el protagonista de esta biografía, ávido lector, fue llevado por su padres a un internado de los franciscanos TOR (Tercera Orden Regular) en Arnedo (Logroño), Nuestra Señora de Vico, posteriormente reconvertido desde hace unos años en Monasterio Cisterciense de la Estricta Observancia (Trapenses).
La soledad es una gran maestra para el alma.
(Benito Pérez Galdós)
Allí cursó parte de los estudios de bachillerato que en su literario pueblo no podía hacer. A los 13 años, mientras se afanaba en hacer las ilustraciones de un libro de texto, que estaba preparando el director del colegio, P. Florentino, topó accidentalmente con el libro “La Comunidad errante” de Felipe Ximénez de Sandoval, Ed. Studium (1959), quien de forma poética y llena de fuerza expresiva narra las peripecias del inicio de una Comunidad cisterciense en España Citeaux. Quedó tan profundamente cautivado por la historia que, ni corto ni perezoso, se dispuso a escribir a uno de los Monasterios que aparecen en el libro: la Abadía Cisterciense de Nuestra Señora de La Oliva, en Carcastillo (Navarra). Tamaña osadía se corresponde bien con el talante quijotesco de un extraviado, que no distingue la realidad de la fantasía ¿qué iba a hacer un niño de 13 años en un monasterio de rígidas costumbres y dureza extrema, que vivía aún con costumbres casi medievales, elegidas así libremente? Pero aquella carta, de la que no guardo copia -¡ay pobre de mí!- llegó a su destino, y pasado cierto tiempo, recibí contestación. Evidentemente, me contestaba el P. Eduardo Rincón, maestro de novicios del monasterio, en nombre del Superior de la Comunidad, entonces el P. Bernardo. Supe después que, al entregarle mi carta al P Eduardo, el Superior le dijo, más o menos, “recuérdele que esto no es un colegio, y aquí no se admite a menores”. Pese a todo el P. Eduardo añadía que podíamos seguir en contacto por carta, y que con el tiempo “ya se vería”. Y así fue, los años fueron pasando. Yo proseguí mi bachillerato superior, ahora en un internado en Palma de Mallorca, pero escribiendo de vez en cuando a La Oliva. Cuando acabé el Preuniversitario y, por tanto ya era mayor de edad, volví a retomar el contacto con el P. Eduardo. Yo me había matriculado en Filosofía y Letras en la Complutense, en Madrid. El P. Eduardo me sugirió que quizá fuera ya hora de conocernos personalmente, y que podía ir al monasterio a pasar los días de la Semana Santa. Todo era un gran secreto, pues ni a mis padres ni a nadie les había dicho absolutamente nada de esta aventura. No recuerdo ni cómo, ni con qué dinero, ni de qué manera, pero finalmente llegué a Carcastillo, tras haber hecho transbordo en no sé cuántos lugares y estaciones.
He descubierto que toda la desgracia de los hombres
viene de una sola cosa:
no saber quedarse tranquilos en una habitación.
(Blaise Pascal)
Los días en La Oliva pasaron veloces, llenos de fantasía, ensoñaciones y vivencias. Conocí al P. Eduardo, que desde el primer segundo, me trató como a un hijo, lleno de afecto y respeto. Con él hablé largo y tendido esos días, y él me explicó su forma de vida, las dificultades y grandezas que suponía la vida monástica cisterciense, sin concesiones de ningún tipo a lo humano; sólo importaba lo espiritual.Y así, a finales del mes de julio del año del Señor 1971 yo entro en La Oliva, con la firme resolución de abandonar definitivamente las vanidades del mundo y sus obras, con el inmenso regalo añadido de hallar aquí una auténtica familia.
El viaje más maravilloso no es al centro de la tierra,
ni a los confines del universo,
sino al interior de uno mismo.
(Julio Verne)
Quizá sin intuir ese empuje interior familiar y persiguiendo sin saberlo también el mismo ideal, cual caballero andante, Louis LePrince mudó entonces a la Abadía benedictina de San Salvador de Leyre (Navarra), donde, además de proseguir sus estudios musicalesde canto gregoriano y piano, realizó una parte de los estudios eclesiásticos, filosofía, teología, historia, estética, oratoria, finalizándolos en la Abadía de San Pedro de Solesmes (Francia), pudiendo bucear en sus inquietudes nunca satisfechas, bajo la atenta tutela de uno de los mejores gregorianistas del siglo XX, Dom Jean Claire.
Hay momentos en que el tiempo se detiene de repente,
para dar lugar a la eternidad.
(Fiódor Dostoyevski)
Siempre alerta y en busca de una mayor perfección, prosiguió su formación musical en históricos monasterios, aprendiendo de venerables y carismáticos monjes –Dom Plácido Arenaz, entre otros- las artes y el secreto del canto eclesiástico, tan utilizado en la liturgia monástica. Fue poco después cuando la obediencia quiso que prosiguiera su cuidada formación en añejos Conservatorios, especializándose entonces en las nobles artes de la Musicología –el arte de desentrañar el hecho musical-, la Pedagogía –el arte de transmitir los valores y riqueza de las obras-, el Piano -que tanto ayuda a abordar al rey de los instrumentos el órgano-, y Canto, para cultivar el instrumento primero de la humanidad, la voz.
El profesor mediocre habla. El buen profesor explica.
El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira.
(William Arthur Ward)
El viaje más maravilloso no es al centro de la tierra,
ni a los confines del universo,
sino al interior de uno mismo.
(Julio Verne)
Hizo también una prolífica incursión en el campo de la traducción -latín, francés e italiano- vertiendo al español una treintena de títulos, de historia, literatura, psicoanálisis, literatura infantil, espiritualidad, así como gran cantidad de guiones cinematográficos y programas documentales para TV. Tras lograr las acreditaciones de Traductor Jurado del Ministerio de Asuntos Exteriores, en Francés e Italiano, colaboró fecundamente con organismos públicos y privados.
La mayoría de las personas
están tan absortas en el mundo exterior
Que no son conscientes
de lo que está pasando dentro de sí.
(Nikola Tesla)
Posteriormente, ya en la Universidad de Zaragoza –ciudad a la que está íntimamente ligado por cuestiones obvias- obtuvo además el grado de Doctor en Historia, con un estudio acerca de uno de los seis manuscritos litúrgico-musicales hallados en Munébrega (Zaragoza), acrecentándose así el patrimonio de códices medievales aragoneses. La tesis fue publicada con el título El manuscrito Munébrega I. Un testimonio aragonés de la cultura litúrgico-musical de los siglos XIII-XIV en el contexto europeo.
La tragedia de la vida es cuando un hombre teme a la luz.
(Platón)
Cual caballero errante, fue largos años profesor en diferentes Conservatorios Superiores; y en la década de los noventa aceptó, no sin antes velar armas como su admirado don Quijote, el nombramiento de Director de la Cátedra de Música Medieval Aragonesa, de la Institución "Fernando el Católico" (CSIC), Diputación de Zaragoza. Desde esta privilegiada atalaya artístico-investigadora, junto al imprescindible y por encima de todo fiel y entrañable amicus maese Pedro Calahorra, dirige numerosos y ricos trabajos de investigación y edición, en lo tocante a códices y manuscritos del medioevo aragonés.
En esa misma época funda y dirige la Schola Gregoriana Domus Aurea, grupo especializado en repertorios musicales del medioevo. En jugosa colaboración con el maestro organista/clavecinista/investigador, amén de siempre amigo del alma, Jesús (Chus) Gonzalo López, ofrecen innumerables conciertos, hacen grabaciones discográficas y videográficas, en variado contento. Profundamente y para siempre quedará marcado por la amistad de estos dos ilustres, generosos y grandes amigos, Y quizá como colofón a esta andadura, la “locura” de aunar el canto gregoriano con el flamenco de un cantaor gitano, Tutero, de Huesca, en una Gala en el Auditorio de esta ciudad.
Se llama nostalgia, y sirve para recordarnos
que, afortunadamente, somos también frágiles.
(Cesare Pavese)
y se estrechan las amistades.
(Miguel de Cervantes)
Y quizá como “loco” colofón a esta andadura, el mágico intento de aunar el canto gregoriano con el cante jondo de un cantaor gitano, Tutero, de Huesca, en una Gala en el Auditorio de esta noble esta ciudad.
Cante jondo y canto gregoriano
Pero uno de sus mayores logros, su mayor honra y mejor tarea, siempre inconclusa, haya sido, es y será ser guía musical y amigo del alma de Benedictinas,
Para dilatar asimismo el mágico círculo de esta aventurada existencia, acepta la propuesta que le hace el maestro Chus Gonzalo López, director de " El Órgano",
programa de Radio Clásica, con el fin de acercar el “Santoral” a los escuchantes, cada cuarto domingo de mes.
La música es una oración muda del alma,
porque no usa palabras.
Hay más alma en el sonido que en el pensamiento.
(Leon Tolstoi)
Y en fin, de todo lo hasta aquí sugerido se infiere que ya en las primeras luces de la morada familiar y en las últimas, cuando la noche del alma va haciendo su camino, esta biografía está embebida del ideal quijotesco, místico, espiritual, inflamado de ansias de conocimiento y de pasión por la verdad y la belleza.
Como cabal caballero andante, reconoce que nada hubiera sido posible sin todos los hasta aquí mencionados. A ellos debe el estar y el ser, junto a otro firme cayado, sin el cual ni siquiera hubiera sido posible empezar este cegador y serpenteante camino. Son ellos y ellas los que mueven cada día la barca, mecida al son de centenarias e innumerables melodías.
Yo siempre vivo en la oscuridad,
pero en mi mente siempre brilla un sol.
(Alda Merini)
Son ellos y ellas los que justifican este recorrido por distintos países y lugares; son ellos y ellas los que han iluminado profusas veces la oscuridad del camino; son ellos y ellas el TODO, y él sin ellos la NADA. Al final la vida, feria de vanidades, se recapitula en darse sin reservas, desde el principio del mundo hasta el final de los siglos, porque sólo en la vida de los demás tiene sentido el propio recorrido vital.
Horas serenas del ocaso breve,
cuando la mar se abraza con el cielo
y se despierta el inmortal anhelo
que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.
(Miguel de Unamuno)
Media Vita. Monasterio de Silos.
Media vita in morte sumus
Quem quaerimus adjutorem nisi te, Domine?
Qui pro peccatis nostris juste irasceris
*Sancte Deus, Sancte fortis,
Sancte et misericors Salvator,
Amaræ morti ne tradas nos.
*In Te speraverunt Patres nostri,
speraverunt et liberasti eos.
*Ad Te clamaverunt Patres nostri,
clamaverunt et non sunt confusi.
*Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto:
sicut erat in principio, et nunc, et semper,
et in sæcula sæculorum. Amen.
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