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martes, 24 de diciembre de 2002

A vueltas con la dictadura de la utilidad.

 A vueltas con la dictadura de la utilidad

Va por ti, Pedro, por tu continua inspiración y tu inagotable capacidad de crear, 

siempre desde la amistad y la serena sabiduría; 

por tu generosidad con todo el que acude a ti 

y por el desinterés en que se mueve tu larga y rica vida


.

Ignacio Sánchez Cámara* decía que uno de los rasgos de la Modernidad decadente es la dictadura de la utilidad, entendida ésta además en el sentido de lo útil o beneficioso para lo material, con exclusión de toda consideración del espíritu. Se diría que la utilidad es la única fuente y medida del valor, cuando es sólo un tipo y de los menos elevados. Ante esta apoteosis usurpadora e igualitaria de la utilidad materialista, sólo cabe esgrimir la defensa aristocrática y legítima de lo inútil. «¿Para qué sirve la filosofía?» -nos preguntan a veces-. «Para nada», sentimos ganas de responder. Y precisamente en eso, en su falta de utilidad, reside su valor.

            La verdadera filosofía tiene la misma utilidad que, por ejemplo, una cantata de Bach, un lirio de Van Gogh o un atardecer: ninguna. Ser útil consiste en ser medio o instrumento al servicio de otra cosa, que es lo importante. Lo útil no vive sino bajo estricta subordinación y dependencia. No puede ser autónomo. Su sentido lo recibe de otra cosa, a laque necesita para justificarse. Sólo lo inútil es fin en sí mismo. Y sólo lo que es un fin en sí mismo es digno y grande. Schopenhauer lo escribió con terminante claridad: «La obra genial puede ser música, filosofía, pintura o poesía, nunca algo que tenga utilidad o beneficio. Ser inútil y poco beneficioso es una de las características de las obras geniales; es la garantía de su nobleza. Todas las demás obras humanas existen sólo por el mantenimiento o el alivio de nuestra existencia; sólo las que discutimos aquí no lo hacen; sólo existen por si mismas, y han de considerarse en este sentido la flor o el beneficio neto de la existencia». Todo lo que vale la pena encuentra en si mismo su razón de ser. Es, por ello, libre, vive exento de la servidumbre de la utilidad. ¿Tendría sentido preguntar para qué sirve Dios?

            En realidad, la cultura genuina es inútil, en este sentido burgués, materialista y moderno de la utilidad. Así, las páginas culturales de los periódicos habrían de ser oasis de inutilidad, fieles crónicas de lo inútil, es decir, de todo aquello por lo que la vida merece ser vivida. Pero una vez refutada la noción vigente de la utilidad, estamos en condiciones de reconocer la existencia de otro tipo de «utilidad» de naturaleza espiritual. Estas cosas inútiles, como la filosofía, la música y la poesía, son, en su genial inutilidad, las que mejor contribuyen a la tarea de la educación del hombre, es decir, a su experiencia de la grandeza. « ¿Para qué sirve la filosofía?» -nos preguntan a veces-. «Para nada, -contestamos-. La filosofía no es sierva; es señora». Pero tampoco conviene confundir la filosofía con todo lo que se enseña en las universidades y de lo que se habla en los congresos. La filosofía es planta rara que sólo crece en algunas cumbres solitarias, inaccesibles para las muchedumbres. Y es que necesariamente han de ser pocos los espíritus volcados a este devoto e inactual culto de lo inútil.

Y el P. Thomas Merton**, decía que para responder a las esperanzas de la gente sólo existe un medio: hacerse inútiles. Poco antes de morir, escribía: «Nadie parece comprender qué útil es ser inútil». En un mundo trastornado por el ruido, excitado por la agitación más frenética, devorado por el mito de la eficiencia y del rendimiento, sólo nos queda a los cristianos una posibilidad para ser verdaderamente útiles: reafirmar los valores de la contemplación, es decir, reconquistar el sentido de lo inútil. Nos estamos convirtiendo en esclavos del tiempo y de las cosas. El contemplativo se rebela ante esta esclavitud. Reafirma su propia libertad ante el tiempo y ante las cosas. Sabe perder el tiempo. Y sobre todo sabe colocar a Dios, el único, en el puesto de las cosas. Y no se me diga que la contemplación es una «evasión», un evadirse de los compromisos temporales. Probablemente quien habla de este modo no ha sido capaz de estar media hora en silencio. En realidad no hay nadie tan realista como el contemplativo.

 

* Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña y profesor-investigador en el Instituto Universitario Ortega y Gasset de Madrid.

** Thomas Merton (PradesFrancia1915 - Bangkok1968), monje trapense, poeta y pensador estadounidense. Está considerado como uno de los escritores sobre espiritualidad más influyentes del siglo XX.

 

domingo, 1 de septiembre de 2002

Graduale Narbonense, BNF.

C'est là en effet un des grands et merveilleux caractères des beaux livres que pour l'auteur ils pourraient s'appeler "conclusions" et pour le lecteur "incitations".
(Marcel Proust)



Graduale Narbonense

Titre : Graduale Narbonense.
Date d'édition : 1001-1100
Sujet : Notation musicale. aquitaine
Sujet : Reliures aux armes de Colbert (Jean-Baptiste)
Sujet : COLBERT (Jean-Baptiste)
Sujet : Possesseur
Sujet : GRADUEL
Sujet : A l'usage de Narbonne

Format : Grandes initiales peintes. Rubriques. Notation aquitaine diastématique. — Ce graduel est de Narbonne et non d'Arles. Cf. - Paléogr. musicale. - , III, pl. 88 (f. 10v). - Parchemin. - 130 ff. - 370 × 270 mm. - Reliure maroquin rouge aux armes de Colbert
Description : Numérisation effectuée à partir d'un document original.
Description : F. 1 1 er dim. de l'Avent (incompl. du début). F. 25 S. Paul, év. et conf. F. 63 Litanies de Narbonne. F. 97 SS. Just et Pasteur. F. 106v Messes. F. 108 « Officia dominicis diebus a Pentecosten usque ad Adventum... » F. 118 « Dom. in sancta Trinitate. » F. 118v Messes votives et diverses. F. 122v...Suite du texte
Droits : domaine public
Identifiant : ark:/12148/btv1b6000736q
Source : Bibliothèque nationale de France. Département des manuscrits. Latin 780
Notice du catalogue : http://archivesetmanuscrits.bnf.fr/ark:/12148/cc62237p
Provenance : Bibliothèque nationale de France
Date de mise en ligne : 27/02/2019

jueves, 11 de abril de 2002

Abadía de San Pedro de Solesmes.

 Leve fit, quod bene fertur, onus.

Se hace ligera la carga que se sabe soportar.

(Publio Ovidio Nasón)

La Abadía de San Pedro de Solesmes desde un drone

Se podría decir que la historia de Saint-Pierre de Solesmes tiene dos capítulos. Está la gran etapa de los siglos XIX y XX, en la que la abadía estuvo marcada por la personalidad excepcional de Dom Guéranger, su restaurador, gracias a la cual los monjes cultivaron la liturgia y el canto gregoriano y extendieron su influencia más allá de las fronteras de Europa.
Antes de ésta, existe un primer capítulo que duró cerca de ocho siglos, durante los cuales Saint-Pierre de Solesmes fue un priorato modesto con doce monjes como mucho.
Pero el primer y el segundo capítulo forman una única historia: la de hombres buscando a Dios bajo la Regla de San Benito.


La Congregación de Solesmes
En su Regla, San Benito no habla de vínculos institucionales entre monasterios. Pese a ello, en la Alta Edad Media se constituyen órdenes monásticas. La más celebre es la de Cluny, fundada en el siglo X en Borgoña, que contaba con más de 1500 casas a lo largo de Europa.
En 1837, cuando el Papa reconoció la obra realizada por Dom Guéranger en Solesmes, creó al mismo tiempo una nueva congregación en Francia de la Orden de San Benito y la declaró heredera de las antiguas congregaciones de Cluny, Saints-Vanne-et-Hydulphe y Saint-Maur, que desaparecieron en la Revolución Francesa. Sin embargo, en aquel entonces, Dom Guéranger no había fundado más monasterios que el de Solesmes. Las primeras fundaciones fueron las de Ligugé en 1853 y la de Marsella en 1856. A partir de 1866, con la fundación de Sainte-Cécile de Solesmes, la congregación pudo contar con una rama femenina que no tardaría en evolucionar a su vez.

Tras las leyes anticlericales de finales del siglo XIX, las comunidades francesas tuvieron que marcharse al extranjero. Por este motivo, nuestra congregación tomó el nombre de Congregación de Solesmes. En la actualidad cuenta con veinticuatro monasterios de monjes y ocho conventos de monjas, repartidos por Europa pero también África, Norteamérica y las Antillas.


Toda la información AQUÍ.

CDs, libros, `DVD, Gregoriano... AQUÍ.

domingo, 3 de marzo de 2002

El baile de la obediencia y la danza de Nijinski.

El baile de la obediencia y la danza de Nijinski.

 


            Sólo creería en un Dios que supiese bailarescribió Nietzsche en su conocido libro Así habló Zaratrusta. ¡Ay el baile, ay la danza, qué comunión más hermosa entre cuerpo y espíritu, entre sentimientos y sentidos! Paganos, creyentes, antiguos, modernos, los humanos la han cultivado desde los tiempos más remotos, y así queda constancia en vestigios arqueológicos y en sitios insospechados, donde nuestros antepasados se reunían para danzas sagradas, alrededor de una idea que les movía y movía y movía, a modo de los derviches turcos, quizá hasta entrar en el feliz éxtasis.
            Hoy traigo aquí dos muestras distintas y distantes, por su personalidad, su vida y su legado. En ambas, cada cual a su manera, aparece esa búsqueda de lo trascendente a través de la danza. Al final, y siempre, a mí es lo que me interesa, me atrae y subyuga: la confluencia en un mismo lugar de polos diametralmente opuestos. ¿Acaso hay otro manera?
            Yo quería seguir bailando pero Dios me dijo: Suficiente. No quiero el mal, quiero el amor. Decidí trabajar más en la danza, y me puse a bailar como Dios… Tengo ganas de llorar pero Dios me ordena que escriba. Yo siento la belleza. Yo amo la belleza. Soy un artista que ama todas las formas y todas las bellezas. Debo decir que veo sin ojos. Soy el sentimiento. Siento. Soy un loco que ama la humanidad. Mi locura es el amor a la humanidad, así escribía en su diario  Vaslav Fomich Nijinsky (Kiev, 12 de marzo de 1890 - Londres, 8 de abril de 1950), bailarín de ballet y coreógrafo ruso de origen polaco. Nijinsky fue seguramente  uno de los más dotados bailarines en la historia, y se hizo célebre por su virtuosismo y por la profundidad e intensidad de sus caracterizaciones, y su habilidad para realizar saltos que evidentemente desafiaban la gravedad fue también legendaria.  Aquejado de esquizofrenia paranoide y de manía persecutoria, vivió recluido en algún sanatorio o bajo la custodia de amigos y familiares. Pasó sus últimos años entre Viena, Budapest, París y Londres, donde murió en 1950, aunque fue enterrado en París. Un conmovedor relato de su vida y de su sufrimiento puede leerse en Locos Egregios, de J. Antonio Vallejo-Nájera, en Editorial Planeta, 1998.
    
     Nijinsky
    ¿Quién eras, quién eres?
    Pequeño dios desnudo
    clown de Dios
    amas al instante
    al primer paso
    Nijinsky
    ¿Quién eras, quién eres?
    Mudo ante Dios
    entre dos guerras
    mueca de risa y dolor
    ante un Dios mudo
    ¿Quién eras, quién?
    abandonado de Diaghiliev
    padre en tu danza
    Nijinsky
    ¿Quién eras, quién eres?
    Equilibrista del vuelo....
    vuelas
    lo imposible
    ¿Quién eras? ¿Quién eres?
    En el kairòs de Dios
    coreògrafo del azar
    ¿Quién eras? ¿Quién eres?
    Nijinsky
    extranjero
    polaco, en lengua rusa
    En tu mundo de lobos
    los corderos sangran
    Nijinsky
    preso de guerra
    en Budapest
    loco, en Saint Morizt
    muda tu foto danza
    Tocatta y fuga
    sobre el velo
    llama sagrada
    Tocas
    danza pagana
    L´aprés midi d´une faune
    Escribes
    caligramas
    danza inocente
    y nos redimes
    Nijinsky
   Silvia Manzini
  
           Y al otro lado, quiero traer aquí a Madeleine Delbrêl, una mística cristiana francesa, asistente social, ensayista y poetisa. 
          Nació el 24 de octubre de 1904 en Mussidan en Dordogne y murió el 13 de octubre de 1964.  Se convirtió definitivamente a la fe a los 20 años. Sus escritos manifiestan unas grandes dotes poéticas y, sobre todo, una profunda vida mística. Es considerada por muchos como una de las personalidades espirituales más importantes del siglo XX«Si vas al fin del mundo, encontrarás la huella de Dios; si vas al fondo de ti mismo, encontrarás a Dios», escribía.


Si estuviéramos contentos de ti, Señor,
no podríamos resistir a esa necesidad de danzar que desborda el mundo
y llegaríamos a adivinar
qué danza es la que te gusta hacernos danzar,
siguiendo los pasos de tu Providencia.
Porque pienso que debes estar cansado
de gente que hable siempre de servirte
con aire de capitanes;
de conocerte con ínfulas de profesor;
de alcanzarte a través de reglas de deporte;
de amarte como se ama un viejo matrimonio.
Y un día que deseabas otra cosa
inventaste a San Francisco
e hiciste de él tu juglar.
Y a nosotros nos corresponde dejarnos inventar
para ser gente alegre que dance su vida contigo.
Para ser buen bailarín contigo
no es preciso saber adónde lleva el baile.
Hay que seguir,
ser alegre,
ser ligero y, sobre todo, no mostrarse rígido.
No pedir explicaciones de los pasos que te gusta dar.
Hay que ser como una prolongación ágil y viva de ti mismo
y recibir de ti la transmisión del ritmo de la orquesta.
No hay por qué querer avanzar a toda costa
sino aceptar el dar la vuelta,
ir de lado,
saber detenerse y deslizarse en vez de caminar.
Y esto no sería más que una serie de pasos estúpidos
si la música no formara una armonía.
Pero olvidamos la música de tu Espíritu
y hacemos de nuestra vida un ejercicio de gimnasia;
olvidamos que en tus brazos se danza,
que tu santa voluntad es de una inconcebible fantasía,
y que no hay monotonía ni aburrimiento
más que para las viejas almas
que hacen de inmóvil fondo
en el alegre baile de tu amor.
Señor, muéstranos el puesto
que, en este romance eterno iniciado entre tú y nosotros,
debe tener el baile singular de nuestra obediencia.
Revélanos la gran orquesta de tus designios,
donde lo que permites toca notas extrañas
en la serenidad de lo que quieres.
Enséñanos a vestirnos cada día con nuestra condición humana
como un vestido de baile, que nos hará amar de ti
todo detalle como indispensable joya.
Haznos vivir nuestra vida,
no como un juego de ajedrez en el que todo se calcula,
no como un partido en el que todo es difícil,
no como un teorema que nos rompe la cabeza,
sino como una fiesta sin fin donde se renueva el encuentro contigo,
como un baile,
como una danza entre los brazos de tu gracia,
con la música universal del amor.
Señor, ven a invitarnos.

Luis Leprince-Prensa Villegas.

Luis Leprince-Prensa Villegas.  ¿Toda mi vida?   La mystique dans l'art, la mystique dans la vie, la mystique dans la nature, voilà ce q...