Hola Luis,
Me he enterado hoy de tu decisión. Supongo, por todas tus amistades y por lo que te haces querer, que no será el primer ni el último mail que te llegue hoy. No te preocupes por responderme, comprendo perfectamente que necesites tiempo a solas para reflexionar, y estos mensajes seguramente lo hagan más difícil. Si es así guárdalo, y léelo cuando te sientas con ánimo. Ahora siento la necesidad de hablarte desde el corazón.
La noticia me ha entristecido mucho. Para mí y para muchos eras el alma del conservatorio, nuestro consejero, nuestro profesor más sabio y más humilde, siempre dispuesto a ayudar, voluntarioso e incapaz de decir que no. Pero por encima de todo, tu eras (y eres, porque eso para mi no cambiará) un gran amigo. Una vez que se te conoce Luis, uno sólo puede sentirse afortunado de disfrutar de tu persona, de tu conversación, tu ilusión, tu emoción, tu capacidad para encontrar la belleza ahí donde estuviera... tu mirada acogedora y luminosa. Ahora que sé que no estarás en los años que nos quedan, sólo puedo quedarme corto, escribiéndote esto y dándote las gracias por todo. Parece que sólo en las despedidas somos capaces de sincerarnos.
Gracias por ser tú Luis, por deberte a los demás como te debes porque sabes que en su felicidad está la tuya. Gracias, en definitiva, por darme la lección más fundamental y complicada de enseñar: no debemos tener miedo a ser plenamente humanos, a vivir derrochando humanidad, sembrando con generosidad a nuestro alrededor para vivir en un jardín fértil, que nos da todo lo que nuestro espíritu necesita para alimentarse. Justamente como tú haces. Me hubiera gustado compartir más tiempo contigo, pero por suerte lo que ya me has dado no me lo puede quitar nadie: un recuerdo hermoso de una persona hermosa.
No obstante no todo lo que siento es tristeza Luis. También siento alegría. Me alegro por tí, porque aunque no la conozco, presiento que la decisión que has tomado la has tomado pensando finalmente en ti, en tus sueños, tus inquietudes, tus metas y en definitiva en tu felicidad. Sé que te has descuidado este tiempo, centrándote en los demás, regalando tu tiempo a otros, por ello no puedo evitar celebrar que ahora de comienzo el tiempo para ti. Te deseo lo mejor en tu nuevo camino, que seguro te deparará los paisajes que llevas tiempo imaginando. Un camino desde el cual espero que mires al pasado con todo el cariño de los que te apreciamos tanto, y al mismo tiempo sin ningún ápice de arrepentimiento. No dejes de iluminar el camino de otros Luis, pero sobre todo no descanses hasta encontrar otras luces cálidas que iluminen el tuyo.
Un gran abrazo (que confío en que, uno de estos días, tendré la oportunidad de darte),
A. S.
P.d.: No hace falta decirlo, aquí estoy y estaré siempre para cualquier cosa que necesites.


