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viernes, 20 de agosto de 2010

Monasterio de la Transfiguración del Salvador. Isla de Valaam (Rusia).

 La solitude est une tempête de silence

 qui arrache toutes nos branches mortes

(Gibran Khalil Gibran)

 

 

 

Valaam es la isla más grande de un archipiélago homónimo situado en el lago Ládoga. Debido a las particularidades de la composición geológica de las islas y su situación geográfica, el archipiélago disfruta de un microclima singular. Esto obedece a la base rocosa de las islas, junto con la circunstancia de que el Ládoga es el más grande de Europa.


La isla de Valaam es conocida principalmente por el Monasterio masculino Spaso-Preobrazhenski (‘de la Transfiguración del Salvador’), con su majestuosa catedral y su campanario de 72 metros. A lo largo de los siglos, alrededor del monasterio y en las islas del archipiélago, los monjes construyeron ermitas, capillas y cruces. Capítulo aparte en la historia del monasterio merecen las construcciones de ingeniería: pozos en las rocas, canales navegables y sistemas de drenaje.



 

Los monjes cultivaban todo tipo de productos agrícolas, desde frutas y verduras hasta carne y aves. En los invernaderos de la isla crecían sandías que llegaban a pesar hasta ocho kilos y melones de hasta tres kilos. Cultivaban plantas medicinales, y pacientes incluso de la capital del Imperio Ruso acudían para consultar a los médicos locales. En varias ocasiones el monasterio fue visitado por los zares y los miembros de la familia real rusa.

Las primeras menciones de comunidades cristianas en la isla se remontan al siglo X. Se habla de los santos Serguéi y Guermán, monjes griegos llegados del Este para difundir la palabra de Dios. El papel que desempeñaron en la fundación de la primera comunidad monacal es indiscutible, pero la época de construcción del primer monasterio sigue siendo motivo de disputa: hay discrepancias en torno a si fue en el siglo X-XI o en el XII-XIV.

Se puede afirmar con total seguridad que el monasterio ya existía en 1407, porque aparece mencionado en fuentes escritas. Para entonces en el archipiélago vivían ya cerca de 600 monjes. En aquel tiempo los monasterios no sólo se construían como centro espiritual y docente, sino como fortalezas para defender las fronteras primero del principado y, después de 1478, como resultado de las expediciones de Iván III, de todo el Estado Ruso. En 1617, después de la firma del acuerdo de paz entre Rusia y Suecia, el archipiélago, junto con el monasterio, pasó a mano de los suecos.

 



Al terminar la guerra del Norte entre Rusia y Suecia, conforme al Tratado de Nystad de 1721, Rusia recuperó Carelia. Los monjes, con paciencia y tesón, se dedicaron, más que a reconstruir el monasterio, a volver a construirlo prácticamente desde la nada. A la isla se llevó suelo fértil para el cultivo de árboles frutales y arbustos de bayas y, sacando provecho al microclima insular y a los invernaderos, en Valaam se empezó a cultivar sandías.

El florecimiento de la institución religiosa coincide con la época en que era dirigida por el abad Damaskín, el superior del Monasterio de la Transfiguración del Salvador. A lo largo de 42 años, desde 1839, estuvo a cargo del convento y fue él quien logró atraer a la isla al brillante arquitecto

Desde 1842, con la apertura del transporte fluvial entre San Petersburgo, la isla de Valaam y la ciudad de Sortavala, el monasterio se convirtió en destino de peregrinación. En los días de grandes celebraciones religiosas llegaban a instalarse en los hoteles de la isla hasta 4.000 visitantes.

 



En Valaam se puede admirar los acantilados y los bosques de pinos. No en vano, sirvió de fuente de inspiración para los pintores Iván Shishkin, Arjip Kuindzhi, Nikolái Rerij, Rockwell Kent y, en el siglo XIX, los estudiantes de la academia de artes plásticas de San Petersburgo pintaban aquí sus trabajos de fin de carrera. Acudían escritores y poetas, en particular Fiódor Tiútchev, Nikolái Leskov, Alejandro Dumas (padre), los compositores Piotr Chaikovski, Alexánder Glazunov, el viajero Nikolái Miklujo-Maklai y el creador de la tabla de elementos químicos, Dmitri Mendeléiev.

 

viernes, 19 de marzo de 2010

Planctus por la marcha de los Cartujos de Aula Dei

Planctus por la marcha de los Cartujos de Aula Dei.


Quiero hoy hacer mío ese planctus, ese lamento que un día escribiera un gran amigo, mosén José Antonio, presbítero, gran cantor, filósofo, periodista, y mejor persona.

Sí, desgraciadamente nuestros queridos Cartujos abandonan Zaragoza. ¡Ay! Cuánto voy a echar de menos la presencia del P. Pedro, el P. Guillermo, el P. Dionisio, el P. Maximiliano, el P. Macario, el P. Hugo, y tantos otros monjes que se alejarán de nuestras vidas, pero permanecerán para siempre en nuestro corazón y en nuestra memoria. Cuántas clases de canto compartidas, a lo largo de estos años, cuántos momentos llenos de serenidad y dulzura... momentos únicos e irrepetibles.

Ya en el año 1996, cuando la CAI me pidió que escribiera un capítulo para el Libro-disco Albada al Nacimiento. La Navidad en Aragón, quise hacer protagonistas de mi trabajo a los novicios que en ese momento abundaban en Aula Dei. Y así El canto gregoriano y la Navidad (Conversaciones medievales en San Juan de la Peña) se convirtió en un sentido homenaje ya a estas personas que tanto han dado y dan a la sociedad desde la soledad de sus vidas.

¿Quién osaría añadir algo a los seculares sonidos que permanecerán en la iglesia de Aula Dei, rememorando tantas emociones vividas? Aún hoy revivo los largos oficios de maitines, a las 12 de la noche, envueltos en la oscuridad y el silencio más sobrecogedor… el oficio de Vísperas al atardecer… la Misa al amanecer… ¡Cuánta belleza envuelta en una desnudez tan extrema! Esta tradición, que recorre los siglos hasta nuestros días, aparece reflejada en los actuales Estatutos de la Sagrada Orden de la Cartuja (capítulo 52), cuando exhorta acerca del modo de cantar y salmodiar:

Nuestra Orden reconoce como propio de su Liturgia el canto gregoriano. Debemos participar en las divinas alabanzas con atención y fervor de espíritu, y estar ante el Señor no sólo con reverencia, sino también con alegría, no con flojedad ni somnolencia, ni escatimando la voz, ni mutilando los vocablos, sino pronunciando con tono y afecto varonil, como es debido, las palabras del Espíritu Santo.

Guárdense la simplicidad y cadencia en el canto, para que esté impregnado de gravedad, y fomente la devoción; ya que debemos cantar y salmodiar al Señor tanto con el corazón como con los labios. Será óptima nuestra salmodia si nos apropiamos el mismo afecto íntimo con que fueron escritos los salmos y cánticos.

Evítense en la salmodia la lentitud y la precipitación. Cántese con voz plena, viva y ágil, de suerte que todos puedan salmodiar devotamente y cantar con atención, sin disonancias, con afecto y perfección.

En la mediante hacemos una buena pausa. Comencemos y concluyamos todos a un tiempo el principio, la división y el fin del versículo. Nadie se permita adelantarse a los demás ni apresurarse; cantemos todos a una, todos a una hagamos las pausas, escuchando siempre a los otros.

En toda lectura, salmodia o canto, no descuidemos acentuar y concertar bien los vocablos, en cuanto sea posible, porque el entendimiento capta y saborea al máximo el sentido, cuando se pronuncia con propiedad.

Es sumamente conveniente que se forme bien a los novicios en el canto, y son dignos de alabanza los que, después de salir del noviciado, nunca descuidan tal estudio.

Los chantres, que están al frente de cada coro deben ser peritos para poder dirigir bien y oportunamente a los demás en la salmodia y canto en la forma dicha, pero bajo la dirección y autoridad del Prior. Es además deber suyo corregir con modestia los que cantan demasiado lenta o apresuradamente, o de modo distinto a como está prescrito, pero es mejor que lo hagan fuera del coro.

Los chantres, en su coro, suben o bajan el tono de los salmos y de todo el canto del Oficio divino, cuando parezca conveniente, con el fin de que todos puedan cantar cómodamente.


Salve Regina, solemne:

Luis Leprince-Prensa Villegas.

Luis Leprince-Prensa Villegas.  ¿Toda mi vida?   La mystique dans l'art, la mystique dans la vie, la mystique dans la nature, voilà ce q...