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miércoles, 4 de octubre de 2006

Un Ritual Carmelitano de los Religiosos y Religiosas de la Orden de Descalzos de Nuestra Madre Santísima la Virgen María del Monte Carmelo, de la Primitiva Observancia, Año 1788

Un Ritual Carmelitano de los Religiosos y Religiosas 

de la Orden de Descalzos de Nuestra Madre Santísima 

la Virgen María del Monte Carmelo, 

de la Primitiva Observancia, Año 1788

A quienes, de una manera u otra, nos dedicamos a ese “mundo” que se mueve entre el canto, la liturgia, el órgano, la polifonía, o, en una palabra, al canto litúrgico, en más de una ocasión se nos ha preguntado acerca de la manera de interpretar una pieza gregoriana, de su lugar en la liturgia, de su uso en el año litúrgico. Y no en pocas ocasiones estas preguntas venían de estudiantes o profesionales del órgano, de directores o miembros de un coro o, desde luego, de estudiantes de musicología, que necesitan situar en su contexto la obra estudiada. Las respuestas, evidentemente, son siempre ad hoc; no puede ser de otra manera. Porque a lo largo de la historia de la liturgia y de la música, los usos han ido cambiando, en función de las diferentes reformas introducidas, de las prácticas de las iglesias locales, de las peculiaridades de las diferentes órdenes monásticas y religiosas. El estudio y conocimiento de estas características ayuda a entender y explica la razón de ser de cada una de las costumbres que atañen al canto en la liturgia y al uso del órgano en la misma. Tratar de ayudar a entender estas cuestiones, para después llevarlas a la práctica en la liturgia, recitales, conciertos o cualesquiera otras situaciones, es lo que se pretende con este trabajo.


Al respecto encontramos no pocas indicaciones en rituales, consuetas, pontificales, y otros libros de carácter litúrgico o paralitúrgico, con detalles más o menos parciales, más o menos completos de la actio litúrgica. Este trabajo se basa en un tardío testimonio del siglo XVIII, que ilustra e ilumina con todo detalle la práctica musical diaria en las comunidades monásticas y religiosas de la época: el rito del Monte Carmelo de la primitiva observancia, de esta Congregación de España e Indias. Estas prácticas, muy localizadas en el ambiente carmelitano, pueden ser extensibles, servatis servandis, al resto de órdenes religiosas o iglesias catedralicias contemporáneas y, desde luego, anteriores, de donde procede la tradición.

Este ritual en cuestión fue publicado en Madrid en 1788, con el título Ritual Carmelitano de los Religiosos y Religiosas de la Orden de Descalzos de Nuestra Madre Santísima la Virgen María del Monte Carmelo, de la Primitiva Observancia, en esta Congregación de España e Indias. Corregido, ilustrado, y aumentado según el Misal y Ritual Romano, y de la antigua costumbre de la Orden. Año 1788.

 En efecto, la pormenorizada descripción de cada uno de los momentos de la jornada litúrgica –oficio divino y misa–, hacen de este Ritual, y en especial de su primer Capítulo, un precioso y preciso vademécum en el que se encuentran absolutamente todos los detalles, todas las formas, todos los ritos y todos los cantos que acompasaban el quehacer de los religiosos de la época, en cada uno de los momentos del año litúrgico y sus distintas celebraciones. Ningún detalle, por pequeño que fuere, escapa a su minuciosa descripción: Rúbricas, Ceremonias y Advertencias generales relativas al Canto llano, al Oficio Divino, al uso del órgano, a las Procesiones, y demás funciones eclesiásticas (capítulo preliminar); oficios de semana santa (procesión de ramos, del Santísimo, de la adoración a la cruz, letanías del sábado santo...); procesiones particulares, ordinarias (en la aurora de Resurrección, San José, Letanías Mayores y Menores, Smo. Sacramento...); y extraordinarias (tiempo de tribulación, para pedir agua, en tiempos de guerra, de hambre, por la salud del rey, por el feliz alumbramiento de la reina...); deprecaciones (por varias necesidades, en tiempo de tempestad...); del modo de recibir a los prelados y a otras personas; de diversas bendiciones; del modo de dar el hábito y profesión a los novicios; del modo de dar el hábito, la profesión y el velo a las novicias; del modo de administrar el viático así a los religiosos, como también a las religiosas enfermas; del sacramento de la extremaunción; del modo de ayudar a bien morir a los religiosos o religiosas; del responso que se canta, y lo que se ha de hacer en expirando el religioso o la religiosa; del oficio de difuntos; de las exequias que se han de hacer por los religiosos y religiosas difuntos; del oficio de sepultura de seglares; de los entierros de los niños; de otros sufragios por los difuntos.

Aunque, como ya se ha dicho, se añade en anexo todo el Capítulo primero, con las especificaciones pertinentes, no puede uno resistirse a mencionar al menos algunos de los puntos que parecen ser más relevantes en la materia que nos ocupa: la práctica musical litúrgica de la época.

En los oficios cantados sin órgano saldrán siempre al facistol grande los organistas con los demás, pero si en algún convento hubiere dos organistas, deberá salir al facistol uno de los dos, aun cuando los oficios se canten con órgano; y se colocarán en el lugar más inmediato a los cantores.

El órgano, de uso corriente en la liturgia de la época y con un papel cada vez más preponderante, aparece regulado hasta en sus menores detalles. Su importancia será tal que la voz humana, el canto coral, cederá parte de sus seculares prerrogativas, y enmudecerá para que sólo suene la voz del órgano…

 

Luis Leprince-Prensa Villegas.

Luis Leprince-Prensa Villegas.  ¿Toda mi vida?   La mystique dans l'art, la mystique dans la vie, la mystique dans la nature, voilà ce q...