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jueves, 10 de noviembre de 2022

Un mismo sentimiento en mil corazones diferentes.

In die illa stillabunt montes dulcedinem


Marc Chagall. Ángel azul. 

           
     Chateaubriand[1] se maravillaba al ver cómo se ha hallado un medio seguro de producir en un mismo instante, merced a un golpe de martillo, un mismo sentimiento en mil corazones diferentes, obligando a los vientos y a las nubes a hacerse intérpretes de los pensamientos humanos. Considerada luego como armonía, la campana es de esa belleza de primera clase que los artistas denominan lo grande. El fragor del trueno es sublime, y lo es tan sólo por su majestad; lo mismo acontece respecto del estrépito de los vientos, de los mares, de los volcanes, de las cataratas y de la voz de todo un pueblo
[...]
            Aún despierta sentimientos más dulces el sonido de las campanas. Cuando en el tiempo de siega, y al rayar el alba, se oye con el canto de la alondra el grato repique de las campanas de nuestras aldeas nos parece que el ángel de las mieses, para despertar a los trabajadores, suspira en algún instrumento hebreo la historia de Séfora o de Noemí. Tanto esa campana, agitada por los fantasmas en la antigua capilla de la selva, como la que para alejar la tempestad echa a vuelo en nuestros campos un religioso temor, y la que por la noche se tañe en algunos puertos de mar para dirigir al piloto a través de los escollos, tienen en sus confusos rumores sus encantos y maravillas. En una sociedad bien dirigida, el toque de rebato excita la piedad y el terror y despierta de esta manera las dos fuentes de las grandes emociones trágicas.
            Y nuestra escritora Emilia Pardo Bazán[2] lo expresaba con toda una gama musical en uno de sus relatos, donde se llenaban y acentuaban la soledad ruidos extraños, cadencias amortiguadas, suaves, que sugerían algo no perceptible para los sentidos. Eran quizás susurros de follaje estremecido por los dedos de sombra de la noche; revueltos de aves acomodándose en el nidal, para dormir erizando sus plumas; quejas flébiles del agua, que en las horas nocturnas solloza libremente, sin tener que reprimirse ante la alegre y burlona mirada del sol; resonancias del mar en la no lejana playa, propagadas en el aire tranquilo, con fúnebre solemnidad de hondo canto gregoriano, y, transmitidas de eco en eco, estrofas de cantares pastoriles, allá en el monte, donde se recogían al establo los lentos bueyes y las vacas de temblantes ubres. Leonelo se detuvo un instante, acortado de aliento, y se sentó en una piedra vieja, toda mullida de musgo, a escuchar aquel concierto vagamente difundido por los ámbitos del aire sosegado ya. De la cestilla ascendía aroma: Leonelo, al aspirarlo, sintió una embriaguez de recuerdos.
Marc Chagall. Enchantement vesperal.
Este luminoso concierto nocturno descrito por E. Pardo  Bazán, el sonido de la campana de Chateaubriand que despierta las dos fuentes de las grandes emociones trágicas aparecen bellamente descritos por el mágico torero Joselito[3], cuando define el mundo de la creación artística como el recinto mágico de la soledad, que ha sido básica en mí. Difícil, pero necesaria. He necesitado de ella, del espacio que te da, de la libertad que te trae, de los soliloquios que propicia. Mi vida ha estado llena de soledades. Cierto; es en la soledad donde el ser humano se enfrenta a su realidad, donde las cosas y acontecimientos adquieren su verdadera dimensión. Sé lo que sentido, lo que he sido capaz de transmitir; el claroscuro también me ha acompañado. He vivido la ilusión más desbordante y la pesadumbre más insospechada. He compartido mi vitalidad y mi tristeza, por igual. La emoción, la pureza, también nace del sufrimiento que uno acumula. O sobre todo ahí. Da igual que hablemos de toros o de poemas. He tenido la suerte, en ocasiones, de estar muy desanimado, derrumbado, hundido. Pero aceptaba que en mi forma de entender el arte estaba ese desequilibrio que en ocasiones me abrasaba. A mí me movía ese misterio del ánimo.
            Abunda ese sufrimiento que puede abrasar en el Libro de las Moradas de Santa Teresa de Jesús[4],  donde este dolor sabroso ­y no es dolor­ no está en un ser; aunque a veces dura gran rato, otras de presto se acaba, como quiere comunicarle el Señor, que no es cosa que se puede procurar por ninguna vía humana. Mas aunque está algunas veces rato, quítase y torna; en fin, nunca está estante,  y por eso no acaba de abrasar el alma, sino ya que se va a encender, muérese la centella y queda con deseo de tornar a padecer aquel dolor amoroso que le causa.
           


[1] François-René, vizconde de Chateaubriand (Saint-MaloBretaña4 de septiembre de 1768 - París4 de julio de 1848), diplomáticopolítico y escritor francés considerado el fundador del romanticismo en la literatura francesa.
[2] Emilia Pardo Bazán (La Coruña16 de septiembre de 1851 - Madrid12 de mayo de 1921) escritora considerada como la introductora del naturalismo en EspañaLa cita pertenece a la edición digital a partir de la de «Blanco y Negro», núm. 267, 1903 y cotejada con la edición crítica de Juan Paredes Núñez (Cuentos completos, La Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, Conde de Fenosa, 1990, T. III, pp. 331-333). 
[3] José Miguel Arroyo Delgado, Madrid, 1 de mayo de 1969.
[4] Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús,  nació en Gotarrendura (Ávila) el 28 de marzo de 1515, y murió en  Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582).

sábado, 4 de junio de 2022

Antiguas liturgias en la Iglesia del Pilar de Zaragoza (siglo XIII).

“AD ALTARE SANCTAE MARIAE”.

ANTIGUAS LITURGIAS EN LA IGLESIA DEL PILAR DE ZARAGOZA

(SIGLO XIII).

 

 

La lectura de una rúbrica litúrgica en un antiguo códice litúrgico me ha transportado a mis años de infante del Pilar y de La Seo de Zaragoza, cuando al finalizar todos los días el canto de las Vísperas, se organizaba una procesión desde el coro, situado como hoy en el fondo de la basílica del Pilar, hasta la Santa Capilla –“ad altare Sanctae Mariae” como se expresa dicho códice-. Los silencieros abriendo paso, los infantes después, portando dos de ellos sendos ciriales pequeños de plata, que apoyan en su cintura, detrás los sochantres que han entonado, y mantienen las voces de todos los clérigos que cantan, la hermosa antífona Ave Maria, seguidos del séquito de beneficiados, prebendados, canónigos y dignidades, cerrando el canónigo semanero, que concluirá la antífona con una oración cantada al pie ya de Nuestra Señora en su Santa Capilla. Esto era allá por los años cuarenta del pasado siglo.

 

Pero el libro que estoy hojeando es del siglo XIII. Y me está narrando una escena semejante, solamente que nos habla de la procesión que, esta vez, se hacía cantada la tercia, antes de la misa, y que la antífona que se cantaba era aquella de Sancta et inmaculata. La rúbrica litúrgica indica –me salto el texto latino- que la procesión de los clérigos capitulares, en primer lugar irá desde el Coro al altar de Santa María. Y después la procesión se hará por el claustro de la iglesia cantando la antífona O Maria Iesse virga/O María, brote del tronco Jesé; hasta entrar de nuevo en el templo –ad introitum- con el canto gozoso de la antífona Hodie natus est nobis / Hoy nos ha nacido. Estoy hojeando el códice ciertamente en la solemnidad del Nacimiento del Señor. (Pienso que uno de esos valiosos dibujos de la planta de la iglesia de Pilar de aquellos tiempos que han llegado hasta nosotros nos ayudaría a comprender y gozar de esta conmemoración procesional ad altare Sanctae Mariae.)

 

Pasando lentamente las hojas de pergamino espléndidamente escritas, y en algunos casos hermosamente iluminadas, tratamos de concretar qué tipo de códice litúrgico tenemos en las manos. Trae en primer lugar, lógicamente, un Kalendario que señala las solemnidades del año litúrgico y las festividades de los santos, que en cada uno de los meses se celebra en la iglesia que se sirve de este códice. Encontramos señalizados santos tan nuestros como Victoriano abad, Vicente mártir, Braulio obispo, Lorenzo mártir, los XVIII santos mártires cesaraugustanos, y también la passio de los innumerables mártires de Zaragoza; encontramos después las oraciones propias de la misas del tiempo litúrgico de tempore; precedido de unos prefacios encontramos, a continuación, el texto eucológico del canon romano, espléndidamente presentado por unos dibujos coloreados: un Pantocrator y la Crucifixión; la siguiente parte nos lleva a las oraciones de las misas votivas y de las festividades de los santos; destaca seguidamente una amplia parte dedicada a la administración de los sacramentos; vuelve a las misas del santoral; y cierra el códice la parte de las lecturas epístolas y evangelios tanto de tempore como de sanctis. Se trata, pues, de un códice litúrgico denominado Evangeliario- Sacramentario, que se fundirá posteriormente con el misal plenario, más ordenado y algo más completo.

 

Nuestro códice abunda en toda clase de rúbricas intercaladas entre los textos, de carácter rituales unas, devocionales otras; con normas sobre los ritos y explicaciones pías de los mismos; con citas de los decretos de papas y comentarios teológicos y hasta morales sobre festividades y ritos; con comentarios de los autores antiguos más significados eclesiásticamente.

 




Ciertamente no se significa nuestro códice por su aportación de piezas del canto gregoriano; podemos destacar unos cuantos íncipits de las partes musicales de algunas misas en la sección de sanctis; y alguna que otra antífona completa. Pero sí ofrece, un tanto sorpresivamente, el evangelio de la solemnidad del nacimiento de la Virgen con su correspondiente notación musical aquitana. El texto desarrolla la genealogía de Jesús según el evangelista san Mateo, que concluye con José, “el esposo de María, de la cual nació Jesús.” Su melodía multisecular es una aportación singularmente valiosa, que explicita una de las antífonas marianas más cantadas del antiguo repertorio gregoriano: O María, virga Iesse /Oh María, brote del tronco de Jessé . . . he aquí que nos diste la flor del fruto eterno. (Jesé es el padre David, de cuya descendencia, como lo proclama la genealogía mencionada, nacería José, el esposo de la virgen María).

 

Podemos dejar volar nuestra imaginación para mejor comprender el valor de este evangeliario-sacramentario. Nos vamos a fijar en su antigüedad. Los diferentes datos que se pueden recoger del examen del mismo. En primer lugar, materialmente: la encuadernación de sus cuadernillos, el arte de de sus grandes miniaturas, de sus capitales, dibujadas siempre a pluma y coloreadas, la perfección del la escritura del texto, etcétera, y asimismo los elementos históricos que aporta del santoral que recoge, determinadas oraciones, ritos singulares, etcétera. Todo ello  ha llevado a los investigadores a abrir un amplio abanico de fechas para orientar sobre la época de su elaboración: entre los años 1250 y 1350. Son fechas muy pretéritas, tanto que casi podemos imaginarnos a nuestro querido Santo Infante Santo Dominguito, que sufre muerte más o menos por las fechas de nuestro sacramentario, en el 1250, verlo llevar este libro entre sus manos al altar mayor antes de la misa, abrirlo por el lugar oportuno y colocarlo en ese pequeño atril de plata que lo sostendrá para uso del preste que dirá la misa que nuestro santo infantillo servirá más o menos atentamente. Destacamos, pues, en este viejo códice evangeliario-sacramentario, su venerable antigüedad que nos obliga a situarnos en pleno medievo para poder comprenderlo y valorarlo justamente. Una joya que crece en su valor al poder estudiarlo. Y que nos sirve a nosotros para continuar hoy la laus perennis, la alabanza de la Iglesia al Señor Jesucristo y también a Nuestra Señora.

 

Pedro Calahorra

Exinfante de la Seo / Vicario parroquial

en la de San Braulio de Zaragoza

lunes, 18 de abril de 2022

La vida en la Cartuja. Miraflores.

 À chacun de ces bouleversements de ma vie j'avais finalement, c'est indéniable, gagné quelque chose en liberté,en esprit, en profondeur, mais aussi en solitude, en détachement d'incompris, en refroidissement.

(Hermann Hesse)

La  vida en una Cartuja: Miraflores

Grande Chartreuse. Francia.

El cartujo es un ermitaño que vive en comunidad, pasando la mayor parte del día en su ermita, de donde sólo sale para la Misa, el canto de Vísperas a media tarde y los Maitines y Laudes que se cantan en la iglesia a media noche.

En la ermita ora, estudia, trabaja, come y duerme. Todas las ermitas están adosadas al claustro y completamente separadas unas de otras. Junto a la puerta de la ermita hay un ventanillo en el que se deposita la comida.
La primera pieza es una amplia habitación, a modo de zaguán, llamada “avemaría” porque siempre que entra el monje reza un avemaría. Junto al zaguán hay un taller donde el monje puede trabajar la madera, torno, encuadernación, etc. Completa la planta baja de la ermita un pequeño jardín donde cultiva sus flores, sus hortalizas, y le sirve a la vez de asueto. En la planta superior se encuentra el oratorio, una pequeña habitación que sirve de estudio, el dormitorio y el servicio.

Los domingos y fiestas domina la vida de comunidad, ya que todos los oficios litúrgicos se cantan en la iglesia, se come en el refectorio común y hay un rato de recreación. Los lunes cuentan también un paseo de unas cuatro horas de duración por la campiña, fuera del monasterio, en el que se conversa animadamente.
La vida del cartujo tiene que enhebrar cosas tan opuestas como la vida eremítica y la vida comunitaria, la soledad y la vida fraterna, el silencio y la cordialidad. En la síntesis está el equilibrio.

Un día normal
El cartujo se acuesta muy pronto, entre las 7,30 y las 8,00 de la tarde. Cuatro horas más tarde, a las 11,30 de la noche, se levanta y comienza su jornada.
 
Después de asearse y de rezar un rato en el oratorio de su ermita, a las 0,15 horas, la campana de la torre convoca a los monjes a la oración de la noche en la iglesia. Son los Maitines y los Laudes, oración cantada, compuesta de salmos, lecturas de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, preces y oraciones por las necesidades del mundo y de la Iglesia. Este largo oficio litúrgico de la noche es muy apreciado por los monjes, cuando el silencio de la noche convida a una oración más fervorosa. Se prolonga hasta las 2,15 y 3,00 de la mañana.

De vuelta a su ermita el cartujo hace una breve oración a la Virgen María en su oratorio y se acuesta sin tardanza. A las 6.30 de la mañana se levanta y dedica esas primeras horas a la oración. A las 8,00 se reúne la comunidad en la iglesia para la Misa, que siempre es cantada.

La mañana transcurre en la ermita dedicada al estudio, la lectura meditada de la Sagrada Escritura, el trabajo manual. La comida es a las 11,30 y la tarde sólo se interrumpe para cantar en la iglesia el oficio litúrgico de Vísperas.

¿A qué nos dedicamos?
En la Iglesia hay órdenes religiosas que se dedican a la predicación, a las misiones, a la enseñanza de la juventud, a curar enfermos, etc. Éstas son las formas de vida religiosa más comunes y más conocidas.
Los cartujos, por el contrario, somos monjes que normalmente no salimos de nuestros monasterios y dedicamos nuestra vida a alabar a Dios y a hacer presentes ante el Señor las necesidades de los hombres. El cartujo tiene claro que la utilidad de su vida no depende de la actividad que realiza en la Iglesia y en el mundo, sino del grado de su unión a Cristo, o santidad.

La vida eremítica, el diario caminar por el desierto, característico de La Cartuja, va haciendo al monje una persona sencilla y pobre, es decir, que no espera de la vida algo que no sea Dios. Por eso mismo nuestras vidas pueden ser para el mundo un testimonio mudo de que Dios no es una idea fría y lejana sino algo vivo y palpitante, capaz de llenar de esperanza y felicidad el corazón del hombre.

Los cartujos nos dedicamos a lo que tradicionalmente se llama “vida contemplativa”, muy apreciada por la Iglesia. El Papa Pablo VI, en el discurso de clausura del Concilio Vaticano II, se refería a nuestra vida en estos términos:

“Fijar en Él (en Dios) la mirada y el corazón, que llamamos contemplación, es el acto más alto y más pleno del espíritu, el acto que puede y debe jerarquizar la inmensa pirámide de la actividad humana”

Más información de todas las Cartujas: https://chartreux.org/es/
Información de la Cartuja de Porta Coeli.Valencia:

Información de la Cartuja de Miraflores. Burgos: https://www.cartuja.org/

Luis Leprince-Prensa Villegas.

Luis Leprince-Prensa Villegas.  ¿Toda mi vida?   La mystique dans l'art, la mystique dans la vie, la mystique dans la nature, voilà ce q...