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miércoles, 15 de septiembre de 1999
Graduale et prosarium ad usum Cluniacensem (975-1100).
lunes, 7 de junio de 1999
¡GRACIAS A UN MAGNÍFICO GRUPO DE INVESTIGADORES!
Su silencioso trabajo se verá recompensado con la publicación de los resultados en la biblioteca virtual de la mencionada Institución, haciendo así posible a otros estudiosos e investigadores el conocimiento y el acceso a unas fuentes hasta ahora poco conocidas:
http://ifc.dpz.es/publicaciones/ver-coleccion/id/6
Esta es la brillante nómina, de la que todos, y especialmente Pedro Calahorra (http://ifc.dpz.es/publicaciones/ver/id/3073) y yo como directores de este proyecto (http://ifc.dpz.es/publicaciones/ver/id/2500), debemos estar enormemente orgullosos:
* Felicísimo Arranz. Breviarium monasticum (s. XI). Archivo de la Catedral de Huesca;
* María Bejarano Gordejuela. Graduales (ss. XV-XVI). Archivo de la Catedral de Barbastro (Huesca);
* Alberto Cebolla Royo. Processionale de Sijena (s. XV);
* Jesús Clavería Luengo. Breviarium oscense. Pars Prima. Pars Altera. Pars Tertia (finales del s. XII). Archivo de la Catedral de Huesca;
* José Luis García Remiro: Antiphonarium de Sanctis. Munébrega II y III (ss. XIII-XIV). Archivo de la Parroquia de Munébrega (Zaragoza);
* Reyes Gil Marcos. Graduale Cartusiense (s. XVI). Cartuja de Aula Dei (Zaragoza);
* Eloy Gracia Lázaro. Breviarium (s. XIII). Archivo de la Catedral de Huesca.
La foto que encabeza esta entrada muestra al equipo en uno de los inolvidables y fructíferos días de trabajo de campo en el Archivo Capitular de la Catedral de Huesca. Además de los mencionados, aparece también el ya desaparecido Archivero, Don Damián Peñart, siempre solícito y amable donde los hubiera, y Natividad P. Soguero, informática del grupo amen de organista y clavecinista. Y faltamos Alberto Cebolla y yo mismo, fotógrafo para la ocasión.
A todos ellos ¡GRACIAS!
martes, 1 de junio de 1999
In memoriam Manuel Pallás, de Manuel Pérez.
Manuel Pallás (in memoriam)
DE LOS "AMIGOS DEL CANTO GREGORIANO" A
MANUEL PALLÁS BADÍA
(+1-6-99)
Amigo:
Voy a tratar de no hacer mucho ruido con mis palabras; como tú desearías. Tú que pasaste por esta vida de puntillas para no molestar, mereces el respeto de que lo que diga sea solamente un suave murmullo; como te mereces. No obstante, el corazón desearía alzar la voz para que todo el mundo supiera que no vamos a poder olvidarte; ni llenar tu ausencia.
Manuel: te recordaremos siempre como la dulzura y la poesía del gregoriano. Gesticulabas con las manos y con la boca, con tal suavidad, que parecías susurrar el canto. Cuando levantabas los brazos y las manos, como acariciando las olas de un mar imaginario, tu cuerpo se elevaba al mismo tiempo, llevando el ritmo de la melodía y dejándote caer sobre las puntas de los pies, como si cabalgases, tal como decías, sobre un caballito de las ferias. El ritmo era una suave danza en tu afán de ilustración. Demostrabas tal gozo en tus ademanes, en la entonación, en todo cuanto decías y hacías, que contagiabas el gozo por el canto. Deseabas que aprendiéramos a vo-ca-li-zar, poniendo boca de pez y a si-la-be-ar, palabreando cada frase, pero sin olvidarnos de los acentos, que es una cosa sumamente trascendental en el gregoriano; la nota que corresponde al acento, recalcabas, siempre es la justa, la más idónea, puesta a propósito y en el sitio que le corresponde. Y continuabas adoctrinando: el texto debemos leerlo solo con el rabillo de un ojo; con el resto de éste y el otro completo, debíamos mirarte con atención, a tus gestos, a tu boca, a tus manos que gesticulaban acompasadamente, a la vez que con los dedos simulabas un alfabeto para mudos, con la inicial de cada sílaba. Y añadías: hay que matizar los sentimientos y jamás podremos hacerlo, si desconocemos lo que dicen los textos latinos. Y los traducías al castellano, una y otra vez, hasta que nuestro tono de voz se correspondía con la letra. Así eras tú y tu espíritu lo sigue siendo entre nosotros.
La tarde del ensayo, cuando supimos tu muerte, puestos en pie te cantamos In Paradisum, en la forma que a ti te hubiera gustado, ya que todos teníamos la certeza de que entonces ya gozabas del Paraíso de los nobles de corazón, de los humildes, de los silenciosos y que debe ser el Paraíso más hermoso de todos los posibles.
Espéranos ahí, maestro; ve preparando el diapasón y las partituras, que juntos formaremos el coro de Canto Gregoriano más grande y mejor templado de todos los hasta ahora conocidos. Hasta luego, amigo.
Por todos los compañeros del Coro "Amigos del Canto Gregoriano",
Manuel Pérez
domingo, 21 de marzo de 1999
La estética musical en el Medievo cristiano; o un viaje estético a las formas musicales gregorianas
Hablar de estética musical en el Medievo cristiano es hablar de las condiciones de lo bello en las formas musicales litúrgicas y, en definitiva, de la estética en una música que, con el tiempo, llegaría a denominarse «canto gregoriano». Y porque la belleza de una obra musical reside en su forma, recorreremos los elementos que la identifican. Es, por tanto, un estudio filosófico-estético-poético, que trata de descubrir las manifestaciones humanas contenidas en este repertorio: La música no es otra cosa que la expresión alegre o dolorida de los sentimientos humanos, porque en ella, igual que en el alma humana, todo tiene cabida.

Palabras clave: Música litúrgica, Humana, Bella, Expresiva, Emocionada.
Es harto conocido que la música medieval ha sido objeto de especulación por parte de maestros de la época, que vertieron al papel sus lucidas lucubraciones filosófico-estéticas en magníficos tratados: Boecio, Hermannus Contractus, Alcuino, San Agustín, Aureliano de Reomé, Remigio de Auxerre, Hucbaldo de St. Amand, Odón de Cluny, Reginon de Prüm... De ellos y de su doctrina ha hecho una magistral exposición Fubini, qui en se apresura a decir: Tanto es así que, si se echa una ojeada a las decenas de tratados sobre música escritos desde el Renacimiento carolingio en adelante, no puede uno sustraerse a la sensación de aburrimiento que genera la aparente uniformidad existente en los temas tratados, en las definiciones casi idénticas que calcan los unos de los otros, en los problemas que someten a debate y en las soluciones que ofrecen, cristalizadas siempre, al parecer, en los mismos esquemas. Cierta es, a nuestro juicio, esta grave aseveración, como lo es también el juicio que emite a continuación, al estudiar al teórico Juan de Garlandia: Es evidente que, durante el siglo XIV, comienzan a hacer sus primeras apariciones, aunque sea tímidamente, conceptualizaciones acerca de la belleza de la música en tanto que hecho autónomo, belleza que encuentra su única justificación en sí misma: en la belleza pura que los sonidos emiten.

Si comenzamos estas reflexiones citando al maestro Fubini es precisamente porque no que- remos provocar el mismo tedio de que habla, en el convencimiento de que este sentimiento es lo más lejano a una reflexión sobre lo bello, al placer provocado por una obra musical. Por ello queremos situar, desde el principio, por donde va a discurrir nuestra especulación -mejor, nuestra contemplación- del hecho musical del Medievo cristiano. Porque hablar de estética musical en esta época es hablar de las condiciones de lo bello en las formas musicales litúrgicas y, en definitiva, de la estética en una música que, con el tiempo, llegaría a denominarse «canto gregoriano». En efecto, una obra de arte puede escrutarse desde distintos puntos de vista. En las obras musicales podríamos estudiar las formas, tratar de determinar su belleza, su perfección o sus defectos; o tratar de descubrir en ellas la expresión de determinadas ideas, la descripción de los sentimientos o pasiones; o la influencia que la música produce, o las emociones que provoca. Todo ello y mucho más es la honda reflexión estética que vamos a abordar.
Ante esta tarea se nos presentan muchos interrogantes: ¿dónde reside la belleza de una obra musical?. Cuáles son los caracteres que la hacen bella? ¿Qué sentimientos o pasiones despierta? ¿Es acaso su forma lo que nos conmueve, o es más bien el mensaje que late en ella? ¿Puede trascender una obra medieval a su tiempo y hacernos conmover hoy, por ejemplo, igual que en el siglo V?
Decía Santo Tomás de Aquino que «la belleza incluye tres condiciones: integridad o perfección (integritas sive perfectio), ya que aquello que está dañado es por eso mismo feo; proporción adecuada o armonía (debita proportio sive consonantia)…
Toda la conferencia, en PDF, puede descargarse gratuitamente AQUÍ
lunes, 15 de marzo de 1999
III Jornadas de Canto Gregoriano. Scriptoria y códices aragoneses.
De todo ello queda aquí constancia, excepto por motivos insoslayables de la conferencia del profesor G. Fatás. Pero no sólo eso; la música viva, nuestro último destino, tuvo su máxima expresión en la Misa cantada en el Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Casbas (Huesca) y en las Vísperas en el Monasterio de la Encarnación (Huesca). De este modo, una vez más, pudimos realizar nuestro deseo de aprender para cantar, y cantar en los mismos lugares para los que fueron concebidas las obras gregorianas: los monasterios e iglesias. Siempre queda camino por hacer; siempre hay temas nuevos que tratar; siempre hay piezas gregorianas que interpretar. Pero no habría camino que recorrer, ni nuevos temas que sacar a la luz, ni otras piezas que aprender y cantar sin el estímulo de muchísimas personas, que, con el empuje de su ilusión, nos ayudan a hacer realidad nuevos proyectos. Al fin y al cabo, a todos ellos se debe esta nueva edición y las que quedan por venir.
Ficheros disponibles para descarga individual (gratuita):
Conferencias:
Imágenes de las III Jornadas de Canto Gregoriano:
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