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jueves, 19 de octubre de 2000

Recuperación del repertorio gregoriano en Aragón, a través de los fragmentos de códices litúrgicos, utilizados como tapas de protocolos notariales

Memoria est thesaurus omnium rerum et custos 
 

The intention of this work is to announce a research project, which has been developed, for several years, by the Chair of Aragonese Mediaeval Music of the «Fernando el Católico» Institution (C.S.I.C.): it is the study of the liturgical-musical pages that are used to bind the notarial protocols of the 16th-17th centuries in Zaragoza. It is of vital importance for the history of Aragonese mediaeval music, as well as for other sciences. 

Ce travail veut divulguer un projet de recherche qui est mené déjà depuis plusieurs années par le Département de Musique Médiévale Aragonaise, de l'Institution «Fernando el Católico» (C.S.I.C.): il s'agit de l'étude des feuillets de musique liturgique qui servent de reliure aux minutiers des notaires du XVI-XVIle siècle, en Aragon. Une telle recherche est d'une importance fondamentale pour l'histoire de la musique médiévale aragonaise, mais aussi pour d'autres sciences. 

El estudio de la música en general, y, en este caso, de la música medieval puede enfocarse desde múltiples puntos de vista: la historia, los géneros o formas, la notación, la semiología, la filología, la liturgia, la filosofía, la estética, el origen, la psicología, la acústica... Todo ello y mucho más es la musicología. Es el punto a partir del cual podemos entender, estudiar y disfrutar de la música. Es el eslabón sin el cual la música no sonaría, ni se haría vida en nuestras vidas, impidiendo así su disfrute y goce para el que ha sido creada. La musicología, en efecto, pretende desentrañar cuanto rodea al simple hecho musical, y para lograrlo en su conjunto ha de echar mano de las ciencias auxiliares que esclarecen y definen los contornos en los que se mueve el mundo de los sonidos. 

Pero la fuente de todo sonido, el origen de cualquier trabajo riguroso se encuentra en el trabajo de campo, donde se encuentra toda la documentación que acredita la autenticidad y seriedad de un trabajo, un trabajo que nosotros hemos concretado en nuestros Archivos Históricos Notariales. Desde hace ya varios años, desde la Cátedra de Música Medieval Aragonesa, de la Institución «Fernando el Católico», se está llevando a cabo un proyecto de investigación en este terreno. Considerado de vital importancia para la historia de la música medieval en Aragón, lo es también para el resto de ciencias de que antes hablábamos. 

Este trabajo ya fue «soñado» hace muchos años por el musicólogo Pedro Calahorra, quien, en una de sus publicaciones, decía: Y por extender el estudio todo lo posible, habría que examinar las tapas o cubiertas de pergamino con que los notarios encuadernaban sus protocolos. En los de los notarios de Daroca, por ejemplo, hemos visto pergaminos gregorianos de bellísima grafía, restos inutilizados de lo que sería una gran riqueza musical; también se da esto mismo en los de Huesca. Del estudio musicológico de la notación, neumas, líneas, colores y también de los textos, etc., se podría valorar el canto gregoriano que se cantó en Aragón y sus diversas épocas o escuelas

Mucho antes que nosotros, otros iniciaron el trabajo. En efecto, en el año 1856 los monjes de la Abadía de Saint-Pierre de Solesmes (Francia) iniciaban oficialmente los trabajos de restauración del canto gregoriano. Sería éste el punto de partida de minuciosas y prolijas tareas científicas tendentes a devolver a este tesoro musical del Medievo toda su pureza y primera virtualidad. 

Por eso, el trabajo que presentamos hoy es, podríamos decir, un eslabón más de la cadena iniciada hace siglo y medio, pero un eslabón «aragonés». Bien es cierto que los monjes de Solesmes recorrieron, el siglo pasado, los principales archivos e iglesias aragonesas, en busca de los códices más antiguos y preciados sobre los que basar sus estudios. Y fruto de sus trabajos tenemos hoy rigurosas ediciones de canto para la misa, para el oficio divino y para las más variadas ceremonias litúrgicas. Pero no pudieron acceder a otros archivos, donde también aparece, aunque sea parcialmente, el mismo o parecido repertorio musical. Sobre estos Archivos Históricos Notariales en Aragón versará nuestro estudio. 

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El artículo completo en PDF AQUí.

miércoles, 4 de octubre de 2000

Una nave abandonada a su suerte en el inmenso océano del dolor.

Horas serenas del ocaso breve, 

cuando la mar se abraza con el cielo 

y se despierta el inmortal anhelo
que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.

(Miguel Unamuno)

            


    Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que temía (Job). Periódicamente, con la regularidad de un reloj bien ajustado, el horror de la nada, en forma de dolor, se instala junto a mí, tratando de devorarlo todo, sin compasión, sin tregua, sin respiro. Llega de nuevo el momento de decir: ¡no puedo más! ¡basta ya, Señor! 

            No reprimiré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, Y me quejaré con la amargura de mi alma (Job). Lo único que sale de lo más profundo de mi ser es un reproche a quien todo lo puede:

 

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera.

Misericordia, Señor, que desfallezco;

cura, Señor, mis huesos dislocados (Salmo 6).

 

            Por mucho que me he esforzado, a lo largo de los años, por hacerme amigo de este insoportable dolor, jamás me ha dejado. Siempre ha rechazado con desprecio la mano que yo le tendía, deseoso siempre de conquistarlo y así hacer más llevadero el camino. Está mi alma aburrida de mi vida: daré yo suelta a mi queja sobre mí, hablaré con amargura de mi alma (Job). Y no me queda más remedio que acudir de nuevo a Él, para reprocharle con insolencia:

 

Tengo el alma en delirio,

y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

Vuélvete, Señor, liberta mi alma,

sálvame por tu misericordia (Salmo 6).


 

            Una vez más, otra vez, el dolor ha venido a sentarse a mi lado, como el peor de mis enemigos, en esa nave que recorre un inmenso océano, sacudido por las tempestades  más espantosas. No importa que me acurruque, que me tumbe, que me levante, que me suba a lo alto del mástil para gritar mi sufrimiento, el dolor sigue ahí, impasible, como una máscara horrible del más espantoso carnaval. Es como si se regodeara al verme impotente, cada vez más frágil, cada vez más vulnerable, cada vez menos persona. ¿Te parece bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos, y que resplandezcas sobre el consejo de los impíos? Tus manos me formaron y me compusieron todo en contorno: ¿y así me deshaces? (Job).

 

Y yo, impotente, le grito una vez más:

Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,

y en el abismo, ¿quién te alabará?

Estoy agotado de gemir:

de noche lloro sobre el lecho,

riego mi cama con lágrimas.

Mis ojos se consumen irritados,

envejecen por tantas contradicciones (Salmo 6).

 

            Sólo ansío llegar a buen puerto, dejar a ese odiado dolor en el barco, que vuelva al impetuoso océano y lo devore para siempre la galerna más espantosa. Entonces yo podré gritar:

 

Apartaos de mí, los malvados,

porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

el Señor ha escuchado mi súplica,

el Señor ha aceptado mi oración.

Que la vergüenza abrume a mis enemigos,

que avergonzados huyan al momento (Salmo 6).

 

            Entonces, con Job diré á Dios: no me condenes; hazme entender por qué pleiteas conmigo. Sólo suplico esto: ¿es mucho pedir tratar de entender el por qué?



miércoles, 17 de mayo de 2000

IV Jornadas de Canto Gregoriano. LOS MONASTERIOS ARAGONESES.

 IV Jornadas de Canto Gregoriano




LOS MONASTERIOS ARAGONESES



A través de la vida de los monasterios medievales se podría rastrear la civilización, la cultura y las costumbres de las regiones donde fueron implantándose. El magnetismo que muchos de ellos poseían explica que a su alrededor fueran creciendo burgos, villas y ciudades. En ellos residían el maestro, el arquitecto, el "médico", el músico; y a ellos acudían quienes necesitaban conocimientos. En Aragón, ya en el siglo VI, sabemos de la existencia del Monasterio de Asán, y el de las Santas Masas en la ciudad de Zaragoza; en el siglo VII, los monasterios de Obarra y de Alaón. Luego vendrán muchos más: San Martín de Cercito, San Pedro de Siresa, San Juan de Ruesta, San Pelayo de Gavín... y tantos otros.
El paso del tiempo hizo que muchos de ellos desaparecieran, y que, con la creación de nuevas órdenes monásticas (benedictinos, cistercienses, cartujos ... ), se fuera poblando el territorio aragonés de nuevos cenobios. Cada uno de ellos, según su forma de vida, tenía su propia arquitectura, sus tradiciones, su liturgia, sus cantos. Podría decirse que cada uno de los monasterios constituía un universo propio.
Estas IV Jornadas pretenden dar a conocer este variado y completo mundo, donde la vida diaria giraba alrededor de un eje central: la liturgia. Dice la tradición que, desde los primeros siglos, esta liturgia se revestía de colores y sonidos diversos. Mucho sabemos de sus prácticas musicales en la liturgia, porque así nos ha sido transmitido en los bellos códices que aún se conservan en nuestros archivos. Pero todavía quedan zonas de sombra que nos gustaría iluminar para tener una idea más cabal de esta parte de nuestra historia.
Este es el objetivo de las IV Jornadas, Los Monasterios aragoneses, conocer mejor los monasterios, sus tradiciones y su música, para así enriquecer nuestro acervo musical y hacer más fácil el aprendizaje de otras formas de canto, que sonaron durante siglos en nuestras montañas y en nuestros valles, en nuestras villas y ciudades. Como siempre, Psallite sapienter, saber un poco más para cantar mejor".
Luis Prensa

Dia 3, miércoles: 20 h.
EL MONACATO, ACTUALIDAD DE LA IGLESIA. Dom Jesús M. OLIVER, Monje Cisterciense de Poblet.
El romanticismo del siglo XIX consagró la idea de que el Canto Gregoriano era una música medieval copiada y transmitida en venerables manuscritos compuestos en los más florecientes monasterios de la época. Con ser cierta esta idea, no es la verdad histórica completa. A los manuscritos medievales precedió una tradición oral casi milenaria, y siguió esta misma tradición oral junto a la escrita hasta el día de hoy. El canto Gregoriano no es solo una música de la Edad Media, sino también de la Edad Antigua, Moderna y Contemporánea, y por eso el repertorio gregoriano no es comparable con los que nos transmiten la música de determinados autores y géneros ligados a determinados períodos: trovadores, polifonía del "ars antiqua", del Renacimiento, del Barroco, etc. Su condición de música viva ha dado al Canto Gregoriano una personalidad propia y una fuerza capaz de regular y conducir la producción de la música occidental por los caminos que han posibilitado una creatividad que en vano buscaríamos en las culturales no occidentales.
La vida monástica sigue de cerca la marcha de la Iglesia en el transcurso de la historia, de manera que muchas veces resulta imposible separarlas. Una vez la Iglesia encuentra un cauce pacífico para su desarrollo, el cristiano, que no otra cosa es un monje, llevado por el Espíritu, busca sus caminos para vivir en plenitud la gracia del bautismo. En Oriente encuentra un terreno abonado que perdura hasta nuestros días. En Occidente podemos señalar cinco grandes momentos. En 816 - 817, con la reforma de san Benito de Aniano; en 910, con la fundación de Cluny; en 1098, con el inicio de la reforma cisterciense; y en otro aspecto no benedictino, en 1084, con la fundación de la Cartuja por san Bruno. En los tiempos modernos, la resurrección iniciada por Dom Guéranger al fundar el monasterio de Solesmes, en 1833. Y así hasta nuestros días, con la crisis y la renovación conciliar.

Dia 4, jueves: 20 h.Canto. Iglesia de San Pablo
CANTO CISTERCIENSE. Dom José Alegre. Abad de Poblet. Schola Gregoriana Domus Aurea. Dir.: Luis Prensa. Coro Amigos del Canto Gregoriano. Órgano: Dom Jordi Bou. Monje de Poblet
Vísperas de la Fiesta de San Bernardo, según los cantorales del Monasterio Cisterciense de Santa Fe (Zaragoza). 8 h. de la tarde, en la Iglesia de San Pablo, Zaragoza.

Dia 5, viernes: 20 h.
EL MONASTERIO: ESPÍRITU Y FORMA. Elena BARLÉS BÁGUENA. Universidad de Zaragoza
El deseo de alejarse del mundo con el fin de dedicarse con exclusividad al cultivo de la vida espiritual constituye un fenómeno humano que se ha manifestado a lo largo de toda la historia en el seno de las más diversas culturas y religiones. En el ámbito cristiano, este anhelo de abandonar el mundo encaminado hacia la búsqueda profunda de Dios dio lugar a una temprana aparición de los primeros monjes que, individualmente o en grupos o comunidades, se instalaron en Egipto y Palestina hacia finales del siglo III -comienzos del IV.Desde entonces y a lo largo de la Edad Media surgieron numerosos movimientos monásticos y conventuales que, compartiendo en esencia los mismos fines evangélicos, propusieron para sus miembros y comunidades, según el espíritu cambiante de la sociedad de cada época, distintos ideales de vida. El espíritu y la práctica de cada congregación u orden monástica o conventual tuvo su perfecta plasmación material en el marco arquitectónico de sus comunidades. Es precisamente el objetivo fundamental de esta conferencia examinar cómo en la Edad Media cada orden monástica o conventual generó monasterios y conventos con sus particulares dependencias, sus singulares disposiciones de plantas y sus peculiares alzados.Tres órdenes religiosas con muy diferentes modos de vida ilustraron este recorrido: Cluny (s. X), que representa la restauración de la vida monástica de marcado carácter cenobítico, basada en la Regla de san Benito; la Orden Cartujana (s. XI) y caracterizada por la vocación eremítica de sus miembros, y la Orden Franciscana (s. XIII) volcada a la predicación y evangelización.

Dia 7, domingo: 10 h. Canto Monasterio Poblet
CANTO GREGORIANO. Coro Amigos del Canto Gregoriano.
Misa, 10 h., en la Iglesia del Real Monasterio Cisterciense de Poblet (Tarragona). Monjes cirtercienses del Monasterio, acompañados por el coro de Amigos del Canto Gregoriano y simpatizantes.

Dia 8, lunes: 20 h.
GEOGRAFÍA DE LOS MONASTERIOS ARAGONESES. Ricardo MUR SAURA. Jaca
Los monasterios han constituido un elemento clave en los orígenes y devenir histórico de Aragón. No sólo hay que ver en ellos unos centros de vida espiritual, ni tampoco unos focos centrífugos y centrípetos de actividad económica, comercial, administrativa, cultural y política. Además de lo dicho, los monasterios son un legado del pasado que nos muestra una sabiduría ancestral, una forma de vivir a menudo desconocida para el hombre vulgar, pero custodiada a través de los siglos y mostrada a quien quiere y es capaz de asimilarla. De ahí la importancia de su ubicación. Primero fueron cuevas-santuario, luego mini-cenobios, después monasterios. ¿Por qué ahí y no allí? ¿Qué condiciones físicas y orográficas necesitaron nuestros más primitivos monasterios medievales? Incluso los monasterios urbanos ¿cómo se construyeron y por qué?

Dia 10, miércoles: 20 h.
MUESTRA DE VÍDEOS SOBRE LOS MONASTERIOS. Pedro CALAHORRA. Institución "Fernando el Católico"
El debe y el haber de los monasterios aragoneses. Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad de Zaragoza, 1996. El desarrollo del Monacato y concretamente en Aragón, desde sus comienzos, y las diferentes variantes a través de los siglos. Sus monasterios y sus territorios. Su función e influencia en la vida religiosa y político-cívica de Aragón.El canto mozárabe. El canto de la antigua Iglesia hispana en su contexto histórico. BAC - INTEV, Madrid, 1995. 19 cantos mozárabes insertos en sugerentes imágenes que reflejan la época histórica en que se dieron; su lugar en la singular antigua liturgia hispana; su parte viva en la vida de los monasterios visigodos.

Dia 12, viernes: 20 h.
EL CANTO LITÚRGICO EN LOS MONASTERIOS ARAGONESES. Luis PRENSA. Conservatorio Superior de Música de Zaragoza
A lo largo de los siglos, en toda Europa la tradición ha sido casi idéntica respecto a los cantos de la Misa. Pero no ha sido así en los cantos del Oficio, donde muy pronto se van a configurar dos mundos íntimamente relacionados, pero distintos entre sí: el Ordo catedralicio y el Ordo monástico.Los monasterios aragoneses, al igual que los del resto de la Península y de Europa, introdujeron sus propios usos en la liturgia diaria, en función del tipo de vida que habían abrazado. Benedictinos, Cistercienses, Cartujos, Camaldulenses... supieron imprimir a sus cantos las señas de identidad que les diferenciaban entre si. Esa rica y antiquísima tradición ha pervivido, con matices distintos, a lo largo de los siglos, llegando así hasta nuestros días.Mediante la audición y la práctica de algunas piezas de estos repertorios, se tratará de revivir el pasado musical de nuestros ancestros.

domingo, 14 de mayo de 2000

Los copistas: tarea penosa y meritoria.

Los copistas: tarea penosa y meritoria

(In memoriam del queridísimo amigo, 
docto, sensible, comprometido, sabio y humilde, 
José Luis García Remiro. D.E.P.)


Un antiguo amanuense, el escriba Florencio, de mediados del siglo X,
al acabar una copia de Los Morales, escribe dirigiéndose al lector: 

“El que no sabe escribir, piensa que esto no cuesta nada; 
pero sábete, yo te lo aseguro,
que es un trabajo ímprobo. Quita luz a los ojos, encorva el dorso,
tritura el vientre y las costillas, da dolor a los riñones y engendra fastidio
en todo el cuerpo. Por eso, tú lector, vuelve las hojas con cuidado, ten los
dedos lejos de las letras, porque así como el granizo arrasa los campos,
así el lector inútil destroza la escritura y el libro. ¿Sabes lo dulce que es
para el navegante la arribada al puerto? Pues eso es para el copista trazar
la última línea”.
Este “fastidio en todo el cuerpo” era el tedium vitae (aburrimiento de
vivir) llamado también “demonio meridiano”, 
una dolencia, que acechaba al monje. 
Todavía un monje benedictino de nuestros días, Anselm Grün, l
o describe así: “El demonio de la acedia, 
llamado también demonio meridiano, 
es el más oneroso de todos. Ataca al monje hacia las cuatro
y le asedia hasta las ocho. En primer lugar hace que el sol se mueva
lentamente o que se detenga, dando la impresión de que el día tiene 50
horas. Luego impulsa al monje constantemente a la ventana para mirar y
saltar fuera de la celda, para observar el sol y comprobar si son más de
las nueve y no viene ningún hermano. Este demonio inculca una aversión
al lugar donde se vive, así como al modo de vida”. En un himno de la
liturgia: “Martyr Dei, qui unicum...” se pide que nos defienda del contagio
del mal (arcens mali contagium) y ahuyente el temido hastío de vivir
(vitae removens [repellens] tedium)”.

+José Luis García Remiro

Antiphonarium de Sanctis: los manuscritos Munébrega II y III (s. XIV) y la labor de sus copistas, en Nassarre. Revista Aragonesa de Musicología, 24. IFC. Zaragoza, 2009.

Jesús Gonzalo López, Organista e Investigador.

Le but et la fin de toute musique
ne devraient être que la gloire de Dieu
et le rafraîchissement de l'âme.
(Jean-Sébastien Bach)



Jesús Gonzalo López, Organista e Investigador

Natural de El Burgo de Osma (Soria), se inicia en la música con don Bienvenido García, canónigo organista de la catedral de esta villa episcopal, recogiendo la antigua tradición de la enseñanza en las capillas musicales catedralicias españolas. Se sumerge en el mundo del órgano barroco de la mano de Lucía Riaño, estudiando posteriormente órgano y clave en el Conservatorio Superior de Música de Zaragoza con José Luís González Uriol, complementando su formación con Jan Willen Jansen (clave) y Santiago Macario Kastner (musicología). La influencia de Pedro Calahorra (musicólogo) y Luis Prensa (gregorianista) ha sido decisiva en su quehacer.


Como intérprete ha recorrido la práctica totalidad de la geografía española, así como numerosos países: Inglaterra, Irlanda, Líbano, Francia, Suiza, Estonia, Principado de Andorra, Holanda, Portugal, Marruecos, Italia, Uruguay… Ha realizado sobre quince grabaciones, principalmente en formato cedé, y escrito bastantes libros sobre temas de musicología y organología, amén de artículos en revistas especializadas. Músico polifacético, ha colaborado en montajes teatrales de autos sacramentales (Domus Aurea, Teatro La Luna, etc.), danza contemporánea (Ballet Víctor Ullate), cine de animación (C. López), música tibetana y canto de armónicos (Vox Vocis), etcétera.


Catedrático de clave del Conservatorio Superior de Música de Salamanca durante los años 1992-94, en 1995 ejerce en el conservatorio de Zaragoza y en 1999 obtiene por oposición la plaza de profesor de clave del Conservatorio Profesional de Música de Zaragoza, siendo Jefe del Departamento de Música Antigua de este centro durante más de diez años. Desde hace más de veinticinco años es miembro de la hoy extinta Sección de Música Antigua de la Institución “Fernando el Católico” (DPZ) y profesor de su Curso Permanente de Órgano, siendo de su responsabilidad durante más de una década la coordinación de las Jornadas Internacionales de Órgano de Aragón. Desde 1996 pertenece al consejo asesor de Nasarre, Revista Aragonesa de Musicología.


Ha realizado labores de asesoramiento sobre la restauración de órganos históricos para la Junta de Castilla y León y la Diputación de Zaragoza, así como en 2009 realiza un importante trabajo de documentación sobre la organería en la catedral de Segovia para la “Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León”. Desde hace más de dieciséis años es consultado por el Gobierno de Aragón como técnico-asesor para la restauración de órganos históricos, realizando los proyectos de restauración de algunos de los más destacados instrumentos de esta autonomía. Es presidente de la “Asociación para la Conservación del Patrimonio Musical Medieval en Aragón” y director artístico de la colección “Órganos Históricos en Aragón” (IFC, formato cedé-audio, 16 volúmenes) y de la colección en formato libro “Patrimonio Musical Aragonés” (IFC, 4 volúmenes). Desde el año 2002 dirige el proyecto de catalogación de órganos “PETRUS- Órganos Históricos en Aragón para el siglo XXI”, patrocinado por el Gobierno de Aragón. Desde el verano de 2008 es profesor del Curso de órgano de Briones (La Rioja). 


Tras veinticinco años de carrera, ha reforzado su idea primogénita de que a través del estudio y la difusión del patrimonio musical antiguo se puede colaborar a que todos tengamos un mayor entendimiento del mundo, de la vida y del hombre, siendo la belleza de la música una expresión del elemento trasmisor que ilumina su corazón y su inteligencia, siempre compartiendo, además de sirviendo a los demás con su dotación artística.  

jueves, 20 de abril de 2000

Reflexiones de un monje de Poblet sobre la utilidad.

Estaba yo una vez mostrando a una familia el monasterio de Poblet, donde vivo, cuando después de haberles enseñado la sala llamada del abad Copons, una de las señoras del grupo me preguntó: 
«¿Y ¿para qué sirve?».
Monasterio de Santa María de Poblet
     Imagínense ustedes (si no la han visto) la mencionada construcción: una bóveda de piedra de perfecta mecánica gótica, con unos arcos (con fuertes nervaduras de sección rectangular) del siglo XIV, que no arrancan de ménsulas, sino directamente del muro: una sola nave de gran anchura y de proporciones exactísimas. ¡Y la señora me pregunta para qué sirve!
     No pude cambiar de tema de conversación y ponerme a hablar de fútbol puesto que no tengo la menor idea de deportes; así que me vi obligado a contestar directamente: «¿Le parece a usted poco que esta sala sea tan bonita? ¿Ha visto usted otra semejante en el resto de España o de Europa? Si una sala así es bonita, ¿se la tiene que exigir, además, que esté al servicio de otra cosa?... ¿Para qué sirve el cuadro de “Las lanzas”? Absolutamente para nada..., para nada menos que para contemplarlo embelesado. Pues lo mismo ocurre con esta sala. Deléitese usted contemplándola. Deje que su espíritu se dilate en esta espléndida creación de espacio».
     La señora asintió. No recuerdo quién era. Pero el diálogo se dio hará de ello unos tres años. Pues bien, si alguien me preguntara un día un poco como esta señora, «¿para qué —de qué— sirven los monjes?», le contestaría con muchísimo más aplomo: «Absolutamente para nada. Un monje no sirve "de" ni sirve "para". Un monje sirve "a". Sirve a Dios. Exigir que incluso los monjes seamos una especie de instrumento "de" o "para" es una aberración a la que ha llevado a muchos la actual civilización (por llamarle a eso de algún modo), esta civilización que arranca en parte de Adam Smith y su fábrica de alfileres y, más aún, de Marx, aquel aburrido "príncipe de los serios como le llamaba Sartre. Gracias, en gran parte, a este Karl, nuestro mundo ha perdido, en efecto, el sentido de lo gratuito, lo lúdico: todo tiene que ser para ser valioso, un instrumento de producción. Ser productivo o no ser., éste es el problema. ¡Menudo mal ha hecho a la inteligencia el señor Marx! ¡Menuda deformación general ha desencadenado! Una sartén sirve realmente "para" freír, sirve "de" recipiente "para" que el aceite no se vierta y "para" que se fría lo que ha puesto en ella el cocinero o la cocinera, teniéndola por el mango. Las cosas (¡las "cosas"!) pueden servir "de", pueden servir "para". Pero ¡las personas! ¡Y los monjes!».
     ¿Se le ocurriría a alguien preguntarle a una dama «para qué» sirve o «de qué» sirve su marido? Si una señora pensara que a su marido se le pueden aplicar estas expresiones sería señal de que él, el marido, era para ella un marido-sartén. (Y, a la verdad, como —se vea o no se vea— mandan afortunadamente ellas, son ellas las que tienen la sartén por el mango, y en este sentido, todos los maridos son maridos-sartén; pero ése es otro tema).
     Con este preámbulo estamos preparados para comentar el título de este artículo: ¿De qué sirven los monjes? ¿Para qué? La respuesta es: naturalmente que los monjes no sirven absolutamente para nada.
      Si han edificado tantos bellos monasterios en España y en el resto de Europa, eso es solamente un subproducto de la vida monástica. Si el monacato benedictino y cisterciense extendió e intensificó en Europa la cultura del vino y del pan (es decir, el cultivo de la vid y del trigo), eso es una pura resonancia residual no intentada por si misma. Si los monjes hemos contribuido antaño a trasladar la cultura clásica y religiosa antigua a la Edad Media europea y hemos producido bellos manuscritos: si algunos monasterios han sido granjas-modelo, eso es simplemente un producto residual no buscado directamente.
     Los monjes nunca hemos intentado ser productivos, Dios nos libre: los monjes no hemos dado golpe en nuestra vida, ¡vamos! ¡Eso está más claro que el agua!   
P. José Alegre, Abad de Poblet
 Los monjes no servimos «de» ni «para»; servimos «a» Dios: que encima no lo necesita, ¡admírense! Somos nosotros, es el mundo entero, quienes necesitamos servir a Dios, porque el amor no puede reprimir sus expresiones. Somos nosotros quienes necesitamos expresar nuestra gratitud., nuestra glorificación y nuestra alabanza., por pobres que sean. A Dios no le va en este juego absolutamente nada. Quiero decir: al Dios de la metafísica. Al Dios católico, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, le va la vida humana de su hijo; véanle en la cruz. Dios, en tanto que Dios, no sufre en absoluto si nosotros nos olvidamos de él; pero, en cierto sentido, tan intensamente real que es inexpresable, Dios «sufre» si ve que nos alejamos de él; como sufriría una madre que viera que su hijo está a punto de caerse en un pozo.
     Resumo: los monjes no servimos absolutamente para nada: no tenemos nada que ver con lo que hemos, involuntariamente, producido —sean viñedos, sean monasterios, sean miniaturas—: lo que ocurre es que hoy vivimos en una civilización en la cual no producir, no hacer nada, no está valorado. Pero eso no nos importa. Nosotros., a servir a Dios, y en paz.
Texto de Agustín Altisent.

miércoles, 19 de abril de 2000

Gregoriano y órgano en Aragón, S. XVII: la tradición de La Seo de Zaragoza.

La musique repose sur l'harmonie entre le ciel et la terre, 
sur la coïncidence du trouble et du clair.
(Hermann Hesse)


Gregoriano y Órgano en Aragón en el siglo XVII: 
La tradición de la Seo de Zaragoza

Órgano: Jesús Gonzalo López
Director: Luis Prensa Villegas
Schola Gregoriana Domus Aurea 




Los bellos textos del canto gregoriano, 
impregnados de poesía y lirismo, 
inspiraron a los sabios tañedores aragoneses del siglo XVII 
para componer sus versos para órgano y explicitar instrumentalmente 
su sentido literario logrando así una emoción cercana al éxtasis. 
Este disco, acompañado de un folleto explicativo, 
recoge una selección de obras 
que por su contenido textual y musical 
pueden provocar en el oyente 
una mayor profundización en lo humano e inmaterial.

 

Índice de pistas

01-Exsurge Domine. Introito, modo I
02-Gloria in excelsis Deo. Misa XI, modo II
03-Sanctus. Misa IV, modo IV.
04-Exultet caelum laudibus. Himno, modo V
05-Lauda Jerusalem. Salmo 147, modo VII
06-Salve Regina. Antífona, modo I
07-Pange lingua. Himno, modo V, a 3, sobre bajo.
08-Magnificat. Cántico, modo VI, para órgano
09-Media vita. Responsorio, modo IV
10-Ave Maris Stella. Himno, modo I
11-Primera obra de I tono, sobre el paso de La Salve.


Interpretado con el órgano histórico de Cariñena (Zaragoza).

Edición: Institución "Fernando el Católico", Tecnosaga.

martes, 18 de abril de 2000

La Abadía Cisterciense de Santa María la Real de la Oliva (Navarra).

L'homme est la perfection de l'Univers, 
l'esprit est la perfection de l'homme, 
l'amour est la perfection de l'esprit, 
et la charité est la perfection de l'amour.
(Saint François de Sales)

La Abadía de Santa María la Real de la Oliva (Navarra)



    La Abadía de Santa María la Real de la Oliva es un monasterio situado en la localidad navarra de Carcastillo (España), al norte de las Bardenas Reales, de las cuales es congozante. Fue fundada en el año 1145 por el rey navarro García Ramírez llamado el Restaurador. Destaca su construcción románica, siendo uno de los edificios más relevantes del románico navarro.
    La Oliva, importante muestra de arte cisterciense, es un conjunto monumental fundado en el siglo XII. Obtuvo el favor y apoyo del Papado, la nobleza y monarquía navarra y logró, a mitad del siglo XII, ser uno de los monasterios más poderosos de Navarra gracias a sus tierras y extensa biblioteca.
    Más adelante los problemas políticos y la desamortización de 1835 sumió al monasterio en la ruina y el abandono. Hasta 1927 no volvió a ser habitado y reconstruido.

            La majestuosa fachada principal abre las puertas a un lugar mágico. La iglesia de Santa María, con una parte gótica y otra románica, fue sufragada por Sancho VI el Sabio y su hijo Sancho VII el Fuerte. Fue construida en piedra sillar entre los siglos XII y XIII. Consta de tres naves. La austeridad cisterciense se aprecia en la sencilla decoración del templo, que apenas se ciñe a motivos vegetales, animales y fantásticos y algunas claves en las bóvedas. Cuenta con una sala capitular que integraba el primitivo claustro del siglo XII, preciosa expresión de obra protogótica, y un hermoso claustro gótico del siglo XIV.

    El movimiento monástico Cisterciense nace en Francia a comienzos del siglo XI (1098), cuando un grupo de monjes del monasterio Cluniacense de Molesmes, abandona su comunidad para formar una nueva, en la localidad de Citeaux (Cister). Al frente de ellos, el abad Roberto pretende restaurar la Regla de San Benito de Nursia, que en el año 545 había dado origen a los Benedictinos. La nueva orden abandona todo signo externo de riqueza y viven del trabajo de sus manos, "ora et labora". El abad Roberto es obligado por el Papa a regresar a su comunidad, y será su sucesor, Alberico, el que consiga el reconocimiento de la orden por el Papa Pascual II. Por último, el tercer abad, Esteban Harding, promulga la Carta de Caridad que recoge las normas por las que se regirán todas las comunidades de la orden, y funda las comunidades de La Ferté, Pontigny, Morimond y Claraval que serán las casas madre del resto de los cenobios cistercienses posteriores.
    En 1113 comienza la expansión de la orden en Francia. Será Bernardo de Claraval, sucesor de Esteban, quien favorezca la expansión de la orden, primero en Francia y posteriormente en el resto de Europa. A la muerte de Bernardo, en 1153, prosigue la expansión de la orden aunque con menos intensidad, pasando de trescientas cincuenta abadías a alrededor de seiscientas cincuenta en 1250. La orden refuerza su presencia fuera de Francia, en países, como Inglaterra, Alemania, Italia y la península Ibérica, Grecia y Oriente Medio. El vigor inicial de Claraval es sustituido por Morimond, y Citeaux esperará hasta la segunda mitad del siglo XIII para crear nuevas abadías como Royaumont o L'Épau. A partir de 1200, se añade la proliferación de casas femeninas, con la creación de numerosas filiales de Tart y Las Huelgas, llegando a contar con más de cuatrocientas abadías a finales del siglo XIII.

Organización del monasterio
Todos los monasterios cistercienses se organizan de manera muy similar: todos viven bajo la obediencia de un abad, que es el encargado de ordenar la vida de la comunidad; es elegido por los monjes y será el que represente a la comunidad en las reuniones generales de la orden (capítulo general). Está auxiliado por el prior, que es nombrado por el abad, y es el primero (prior) de los monjes. El ecónomo, es el encargado de llevar las cuentas de la abadía. El cillerero, es el responsable del almacén de alimentos (cilla). El sacristán es el encargado de la realización de las actividades del culto y el que llama a la oración. El hospedero, adjunto al cillerero, es el encargado de acoger y atender a los huéspedes. Durante los rezos del día el chantre dirigirá el coro de los monjes y dirigirá las procesiones, y en caso de no existir bibliotecario, se encargará de la custodia de los libros. El portero es el que guarda la entrada de la abadía. Completará la plantilla el enfermero encargado de la atención a los enfermos y de elaborar las fórmulas con las plantas medicinales.

Los monjes
    La vida del monje del Cister se basa en el retiro y la pobreza para llegar, a través de la oración, a la comunión con Dios. Las abadías cistercienses se ponen bajo la advocación de la Virgen, a la que profesan una devoción especial. La comunidad monástica vive en régimen de autarquía, fuera de las costumbres y modas de la época, rechazando los beneficios eclesiásticos, aunque con el paso del tiempo, los abades del Císter llegaron a tener una gran influencia dentro de la iglesia, incluso llegando alguno de ellos al papado (Eugenio III). El propio Bernardo de Claraval tuvo una gran influencia en su época, llegando a ser llamado por el Papa para predicar la segunda cruzada. La entrada en el monasterio se produce como novicio, que es iniciado en el aprendizaje por algún monje anciano, conviviendo juntos dentro del monasterio los monjes y los novicios, excepto en las reuniones del capítulo, cuando los monjes entran en la sala capitular y toman asiento en torno al abad. Al término del noviciado, delante del abad y la comunidad, pronuncia solemnemente los votos de estabilidad, obediencia y conversión de costumbres, tras lo que se convierte en monje profeso. Tendrá como única vestimenta una túnica de color crudo, que es la que dará a los cistercienses el sobrenombre de "monjes blancos". Estará sometido a la regla de San Benito y vivirá en soledad dentro de una vida cenobítica. La jornada estará marcada por el oficio divino, y el resto del tiempo lo dedica a la oración, la lectio divina y al trabajo manual.

    Tras el Concilio Vaticano II el Cister ha sufrido una profunda renovación en sus formas, aunque en su esencia permanece en los mismos ideales: soledad, oración, trabajo.

La estética musical en el Medioevo.

Aucune grâce extérieure n'est complète si la beauté intérieure ne la vivifie.
La beauté de l'âme se répand
comme une lumière mystérieuse
sur la beauté du corps.
(Victor Hugo)




Según el teórico Juan de Garlandia «es evidente que, durante el siglo XIV, comienzan a hacer sus primeras apariciones, aunque sea tímidamente, conceptualizaciones acerca de la belleza de la música en tanto que hecho autónomo, belleza que encuentra su única justificación en sí misma: en la belleza pura que los sonidos emiten".

Es, por tanto, un viaje iniciático al mundo de lo bello, a la delectación sonora, al fulgor transmitido por quienes sabían expresar sus pasiones más íntimas mediante el artificio sonoro. Un viaje que ora será́ sobrecogedor, ora lleno de serenidad, ora luminoso, ora dulce reposo. Porque es todo esto y mucho más lo que se oculta detrás de las melodías que, a lo largo de los siglos, han servido para calmar desdichas y desolaciones; para apaciguar extravíos y contiendas; para escanciar arrebatos y delectaciones; para, en fin, ensanchar el alma y espigar sus contradicciones.


Es, en verdad, la belleza que late en estos sentimientos hechos música lo que da sentido a nuestro viaje, lo que justifica nuestra prisa por transitar una vía milenaria, llena de colores y de sonidos, de abismos y de atajos, de tormento y de transfiguración. Porque la música no es otra cosa que la expresión alegre o dolorida de los sentimientos humanos. Y si en el alma humana cabe todo, en la música, que es su reflejo, todo tiene cabida.

Con palabras llenas de poesía y belleza lo expresaba así un esteta y, al tiempo, especialista en Estética. «Música mística que nos lleva al otro lado de la razón, que glorifica el amor como vida y muerte, que dignifica la carne en tanto que emblema del espíritu, y concede a nuestros oídos el honor de ser puerta abierta al más allá, escuchando lo invisible, expresando lo inefable».

En adelante, dejando sentado estos principios y con el apoyo de obras significativas del repertorio litúrgico-musical del Medievo, recorreremos los distintos jalones de este itinerario, para extraer de su análisis los resultados estéticos que identifican este rico tesoro musical. Habrá que entrar, para ello, en el corazón del autor, en su sensibilidad, en su estado de ánimo, en sus condicionantes, para, a través de todo ello, entender el mensaje y la estética subyacentes.
Evidentemente, esta reflexión sobre lo bello, esta contemplación del hecho musical, puede asomarse a tantas parcelas del conocimiento musical como variedades han existido a lo largo de los siglos, pues muchas son las manifestaciones musicales en la historia de la humanidad, y a estudiar con detenimiento el fenómeno estético del canto litúrgico medieval, conviene definir, ya, a qué repertorio se alude y, obviamente, qué repertorios se excluyen del estudio.



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sábado, 15 de abril de 2000

Dolor físico.

DOLOR FÍSICO




Transcribo literalmente lo que, cierto día, encontré en la red, en busca del silencio del desierto que acallara el incesante ruido del dolor. No recuerdo la dirección de dónde la tomé.

Después de leer esta cruda vivencia ¿en qué lugar se halla la música? ¿Dónde, nuestro deseo de dominar el mundo de los sonidos depositados en tan bellos manuscritos? Seguramente se halla en el silencio del desierto, donde cualquier ruido se convierte en dulce melodía o en insufrible cantinela.

Por cuestiones personales, últimamente me he visto reflexionando sobre el dolor físico y sus consecuencias. Espero que me perdonen el atrevimiento de creerme capacitado para tratar ese tema. Habrá gente que pensará que no soy la persona más adecuada para hacerlo. Otras hay que lo sufren de manera continuada, y están destinadas a hacerlo durante toda su vida. Conozco algunos casos y sólo puedo intuir lo que lo que eso podría llegar a significar habiendo pasado por alguna que otra crisis, que en mi caso han sido pasajeras, aunque verdaderamente intensas. Es importante la reflexión, porque el dolor es una cuestión que puede hacerse presente en cualquier momento y deberíamos estar preparados para hacerle frente. Es un enemigo cruel y despiadado que acecha constantemente para conseguir nuevas víctimas vistiendo diferentes ropajes, distintas enfermedades. Los avances que ha venido teniendo la medicina, junto a ciertas consideraciones morales impuestas sobre todo por la religión, pueden llegar a convertirse llegados a casos extremos, más en un peligro que en una verdadera ayuda. Si se me permite el consejo ya que hemos entrado en un tema que provoca tanta controversia, no estaría de mas que estando sanos tanto física como mentalmente, nos decidiéramos a redactar el llamado “Testamento Vital”, dejando claro a médicos y familiares cuales son nuestras opciones si llegado el momento no se nos puede consultar.
            
Pero sigamos hablando del dolor. Yo he llegado a considerarlo como algo vivo. Un ser maligno cuya ocupación es causar el mayor daño posible. En mi primera experiencia que pasé hace ya algunos años, así lo sentí y ya nunca he podido verlo de otra manera. Mantuvimos una guerra en la que llegó a ganar muchas batallas, pero al final fue derrotado. Nunca pude olvidar los episodios pasados y durante estos años en que me vi libre sabía que a la menor oportunidad volvería a presentarse para convertirme de nuevo en otra de sus presas. Cuando se hace presente en su cara más brutal la finalidad es convertirse en la única realidad del que lo padece. Se apodera por completo de tu persona y hace desaparecer lo mejor de tu vida.

Cuando caes de esa manera en sus garras, las sesiones de tortura se harán interminables. No hay piedad posible. Pero lo último que cabe es la resignación. Nuestra rebeldía ha de hacerse patente, realizando todo lo que esté en nuestra mano para combatirlo y nunca, por muy duro que pueda hacerse, se ha de perder la esperanza de conseguir vencer. Dos son los recursos a nuestra disposición:
            
En primer lugar, acudir a los que deberían ser nuestros aliados en esa lucha: Nuestros seres más cercanos que nos servirán de apoyo, y los profesionales –médicos y enfermeras- aunque a veces el sistema sanitario y algunos de los que forman parte de él más parece que colaboren con nuestro enemigo que con nosotros. No hay que desesperar. En esos casos, hay que seguir intentándolo hasta encontrar el especialista que acabará por implicarse en nuestra lucha. A los demás, si es que hemos tenido la desgracia de toparnos con ellos, hay que mostrarles nuestro desprecio de la forma más práctica: denunciándolos en las instancias oportunas.
            
En segundo lugar, pero no menos importante, está el mantener en alto nuestro ánimo durante todo el tiempo que nos sea posible. Inevitablemente habrá momentos duros en que decaeremos, pero hemos de conseguir siempre levantarnos para intentar controlar nosotros a nuestro enemigo y no ser controlados por él. No es tan poderoso cuando disponemos de los recursos adecuados, y es vital impedir que el mal, que es tan sólo físico, invada nuestra mente y se convierta también en sicológico. Siempre que podamos debemos recuperar nuestra vida, su normalidad, hemos de seguir cultivando nuestros intereses intelectuales y sociales, regalarnos con el disfrute de las personas y cosas que nos gustan. Volvernos a sentir nosotros son las pequeñas victorias que darán sentido a lo que ocurre. Tampoco nos sintamos víctimas, aunque tengamos todas las papeletas para serlo: Somos combatientes y como tales hemos de comportarnos.
            
Una última cuestión. Personalmente, mis mayores satisfacciones no han llegado cuando hemos logrado aminorar el dolor o acabar con él. Eso lo que produce es descanso. Han llegado cuando peor me encontraba y quedaban ánimos para soltar alguna ocurrencia que hacía sonreír a los que se encontraban alrededor y me demostraba a mí mismo que no me había destruido, que aún podía burlarme de él, hacerle un corte de mangas mental que no cura físicamente, pero que sienta de maravilla. Que te den, capullo...
          
Hay mucha gente que sufre en esta vida. Pero el sufrimiento del dolor físico intenso y constante es otra cosa. Tanto que los mismos hospitales ya tienen unidades del dolor. Las leyes y la moral deberían estar al lado de los que lo padecen, pero desgraciadamente no suele ser así. Eso sería materia para otro tipo de reflexiones. Hoy sólo quería mostrarles mi cariño a los pacientes y pedirles valor para mantener en alto el ánimo y seguir adelante. Como en tantos otros aspectos de la vida, aún nos quedan muchas batallas por librar a todos para sentirnos derrotados por algo.

miércoles, 2 de febrero de 2000

Juan de la Cruz Prensa Fuentes, in memoriam.

 El día 2 de febrero del año 2000, al mediodía, nos dijiste adiós. 

Siempre en mi corazón, siempre agradecido, siempre contigo.
Siempre te quise y por siempre te querré.

Aunque ya no te vean mis ojos,
aunque ya no escuche tu voz,
habita tu ternura en mi ser,
tu recuerdo vive en mi corazón.
Aunque no entienda la razón
por la que te llevaron al cielo,
aunque quisiera emprender contigo el vuelo,
y juntos poder estar,
Aunque las lágrimas me visiten a diario,
y cuente cada día,
aunque por ti cambiaría mi vida,
y retroceder el tiempo quisiera,
Sé que estás aquí…
En el soplo del viento cuando me siento solo,
o cuando de un árbol cae una hoja,
cuando veo una flor hermosa,
cuando una lágrima vuelve a brotar,
Sé que estás aquí…
Cuando siento la sensación de que alguien me cuida,
cuando no puedo encontrar la salida,
cuando necesito hablar,
sé que estás aquí para poderme escuchar.
Padre, me ha dolido mucho perderte,
no sé como describirlo, no sé cómo decirlo,
pero algo pasa dentro de mí,
y es que siento que aún sigues aquí,
y ya no tengo temor a la muerte,
porque sé que esperándome estarás,
cuando al final de mis días
un abrazo de nuevo te podré dar.




Luis Leprince-Prensa Villegas.

Luis Leprince-Prensa Villegas.  ¿Toda mi vida?   La mystique dans l'art, la mystique dans la vie, la mystique dans la nature, voilà ce q...