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viernes, 10 de abril de 2026

V. Un francés en El Toboso. Nuevo hogar. Instalación, primeras decisiones.

 V. Nuevo hogar.

Instalación, primeras decisiones.

 

Hay que viajar para amar la vida.

Los mejores artistas se hallan en el mundo

como viajantes de comercio.

Jules Renard. 

Cuando me acercaba a mi destino, a ese sueño que nació en mi infancia gracias a las lecturas en la biblioteca del abuelo, surgió al fondo del camino de Quintanar la torre de una iglesia, impresionante por enorme y hermosa. Parecía que habían trazado el camino teniendo como referencia la iglesia, tal era su visión.

El Toboso (Toledo) 

A un lado y otro del camino los campos eran de cereales, trigo, cebada, lentejas, mijo… y verdes viñas, en perfectas e infinitas hileras. Lo que más me llamaba la atención entonces era la inmensa llanura que aparecía ante mí, sin apenas altibajos en el horizonte. Muy distinto de mi tierra de origen, con grandes montañas, a los pies de los majestuosos Pirineos, con corrientes de agua por doquier. Pese a las diferencias, me emocionaba pensar que quizá fuera este mi destino definitivo. Un viaje tan largo me había dado la ocasión de reflexionar mucho acerca de la vida, los acontecimientos, los lugares, las diferencias y semejanzas. En definitiva, el ser humano era igual o parecido en Soueich, en Aragón, en Madrid, en la Mancha. Así eran mis pensamientos conforme iba avanzando.

Al acercarme más, en la silueta del pueblo sobresalía a la derecha otro edificio impresionante, también de dorada piedra de sillería. Más tarde sabría que se trataba de un monasterio de Trinitarias Recoletas, fundado en el siglo XVII por Ángela María de la Concepción, y conocido como El Escorial de la Mancha[1].

Monasterio de Monjas Trinitarias (El Toboso. Toledo)

El edificio es de estilo herreriano e impresiona por su sencillez. Es sobrio y solemne a la vez. Es de planta rectangular con dos alturas y un semisótano y con dos torres en la fachada principal, en la que se pueden observar dos escudos en piedra. Uno de estos escudos está sobre la puerta principal y el segundo bajo la esbelta espadaña. En la otra fachada está la puerta de acceso a la iglesia, de construcción más sencilla. Ambas fachadas son de sillería y en ellas se observan ventanas rectangulares enrejadas.​ El edificio posee un patio central en torno al cual gira el claustro cerrado cuadrangular. En las galerías del claustro hubo una decoración al temple que se puede observar con facilidad, cuando se abre la clausura, algo raro. La iglesia de una sola nave con capillas laterales conserva un lienzo pintado por Felipe de Castro (portugués), discípulo de Claudio Coello (pintor de cámara de Carlos IV).

Pude verlo bien porque entré en el pueblo por el camino de Miguel Esteban, ramal del camino de Quintanar. Quedé impresionado por la solidez y belleza del edificio, al tiempo que escuchaba el misterioso canto de las monjas a través de la puerta de la iglesia, a la que no pude entrar para no perder el control de mis jumentos y de las posesiones que acarreaban. Ya habría ocasión más adelante.

Pregunté más adelante dónde había una posada para instalarme unos días mientras buscaba una casa que comprar, si es que llegaba el caso. Me dijeron que justo en la calle al lado del Arco había una fonda, donde también guardaban las caballerías, y tenían muy buena cocinera. Los dueños era del pueblo vecino de Mota del Cuervo, pero se habían instalado aquí porque eran muy negociantes.

Arco (El Toboso. Toledo)

Allí me dirigí, contento por la información, y atravesando el pueblo, que me llamaba la atención por el resplandeciente blanco de las fachadas de la mayoría de las casas. Había, sin embargo, otras cuya fachada era de piedra de sillería, y que yo diría que eran casonas del siglo XVI o XVII, con amplios patios con columnas, como yo recordaba de mi país de origen.

Llegué por fin a la posada, donde me recibieron con mucho agrado, y me gustó tanto que decidí no buscar más y quedarme de momento allí. Les confié mis jumentos, que acomodaron con otros que había de distintos viajeros y comerciantes. La habitación que me dieron tenía una chimenea, una cama de madera con ropa de abrigo, un armario grande y una jofaina con palangana de porcelana, donde poder lavarme y asearme. Ya en la cama me acordé de lo que escribía mi compatriota Jean Chalon: Sería necesario poder viajar con su biblioteca, como un caracol con su concha. De momento me conformaba con haber llegado a mi destino.

Después de cenar con los demás huéspedes, que fueron muy amables conmigo y a los que oí referirse a mí como “el gabacho que ha llegado”, me retiré a mi habitación a descansar del largo y agotador viaje. Así pasé mi primera noche en el que sería mi pueblo en adelante, y donde querría hacer mi nueva vida. 

A la mañana siguiente ¡ay, despertarse y empezar a pensar en lo primero que tenía que hacer! Todo de repente, así, de sopetón. Soñar en Soueich en los paisajes de El Quijote, en sus aventuras, en su maravillosa locura era una cosa. Salir ahora a la calle de El Toboso y empezar a organizar una nueva vida ¡qué diferencia! Así, pues, dejé a mis queridos animales en la cuadra de la fonda, bien cuidados y alimentados, y empecé mi nueva aventura. Pensé que lo primero que tenía que hacer era mirar un alojamiento permanente, con posibilidad de espacio para mí y para los animales, además de un lugar donde vivir dignamente y desde el que empezar a plantear un trabajo que me permitiera una digna supervivencia.

            El ama de la fonda ya me había orientado acerca de las casas que se podrían comprar, según mis deseos. Tengo que confesar ya que las gentes que me recibieron a lo largo de ese día no podían ser más amables, sobre todo con un extranjero, que no se sabía muy bien qué buscaba por estos lares. La primera casa que visité estaba en la plaza del pueblo, justo donde empezaba el callejón que acababa en el tesillo, como una calle sin salida. Justo al lado de la casa se conservaban los restos de una capilla de la Tercera Orden, según decían, y que estuvo unida a patios interiores o corralas. Solo se conserva la portada[2], del s. XVII, y la cúpula barroca de la capilla. La casa me gustó, con un gran patio con una higuera, alrededor del cual se organizaban las diversas estancias: un comedor con chimenea, una cocina, varios dormitorios, y un almacén para guardar las cosas más variadas, desde pienso para los animales de la casa hasta salazones y frutas. Al fondo de la casa estaba el corral, donde estaban las gallinas, el cerdo y los conejos, y una especie de estercolero donde acaban todos los restos de la casa. Desde aquí se podía salir a la plaza por una puerta distinta a la de la entrada.

            Me pareció bien la casa desde la que se divisaba la iglesia y el lugar, justo en la misma plaza. El precio no estaba mal, pero tenía que ver más casas y poder comparar.

La siguiente casa que visité se encontraba muy cerca, en una pequeña glorieta que se conocía como “de las Franciscas”. Era otro convento del pueblo, en este caso de monjas franciscanas, del siglo XVI. El lugar me encantó, pero la casa estaba en un estado un poco abandonado, y tendría que hacer obras, lo que no me entusiasmaba.

Convento de las Clarisas (El Toboso. Toledo) 

Volví entonces a la fonda para comer y descansar un poco. Era muy cansado el esfuerzo de hacerse entender e ir dando explicaciones del por qué de mi traslado aquí desde tan lejos. Unos desconfiaban de mis explicaciones, otros pensaban que podía ser un desertor de Francia, por su complicada situación, a otros sólo les interesaba saber si tenía dinero para pagar. En fin, echaba mucho de menos a mi familia, mi casa de Francia, mi vida ya organizada allí. Pero no quería dejarme llevar por el desánimo: estaba empezando un sueño y no debería estropearlo. 

La comida, con duelos y quebrantos y migas manchegas, rociada con vino blanco del pueblo, me dio nuevas fuerzas y ánimo para seguir la búsqueda. El comedor era pequeño, con sólo cuatro mesas, con una jarra de barro en medio. Tuve la suerte de poder comer solo, pues necesitaba desconectar un poco: la tarde sería también de búsqueda y de cansancio.

Por la tarde salí pronto para acercarme a otra casa, casi extramuros de la villa, en la confluencia del camino de Pedro Muñoz, muy cerca del "charco" o pequeña laguna del Pozo de La Puerta. Desde ella se divisaba el magnífico convento de los agustinos[3]. Me contaron que tenía una importante biblioteca, y que alguno de sus miembros fue ilustre por ser predicador de los reyes Carlos II y Felipe V, y otro por ser escritor de Teología y Mística. Llegó en 1768 a tener una comunidad muy numerosa, de 42 religiosos. Aunque su número se vio reducido progresivamente, y cuando se decretó la exclaustración por José I Bonaparte en 1809 solo tenía 13 religiosos. 


Pese a la importancia y lustre de estos vecinos, la casa no me convenció porque carecía de las condiciones que yo necesitaba para instalarme. Dando las gracias, me dirigí por la Calle Grande hacia la parte alta del pueblo, y pasé por la señorial casa de las Cholvas y la magnífica casa de las Memorias, desembocando ya en la calle del Cristo. Allí estaba la iglesia del Cristo de la Humildad, antiguo hospital para pobres y ahora patrono de la villa. Llevaba yo muy poco tiempo aquí y sólo me encontraba con conventos e iglesias. Deduje que sería una gente muy religiosa, o quizá lo habría sido, pues se dice que había habido catorce pequeñas iglesias o ermitas, de las que sólo quedan en pie San Sebastián, San Blas y el Cristo de la Humildad.

Casona solariega (El Toboso. Toledo)

Me dirigí a la casa que me habían recomendado, a medio camino de la Casa de los Perros[4], y después de llamar con la aldaba en la puerta, me abrieron: lo que vi me encantó.

Un patio, a modo de claustro, enmarcado por soberbias columnas de piedra, de estilo dórico, en medio del cual había un brocal también de piedra sobre el pozo manantial. En el patio alto se abría una preciosa balconada de madera, alrededor de la cual estaban diferentes habitaciones y estancias.

Enseguida me cautivó el conjunto, datado en 1667[5], aunque todavía quedaba por ver el interior de las habitaciones y la parte trasera de la casa, donde había un «corral» enorme, que daba a la calle posterior, y una pequeña edificación, a modo de casa, donde dormían, me dijeron, los gañanes de la casa.

Tenía todo lo que yo buscaba y deseaba. No era desde luego la casa del abuelo en Soueich, pero se le parecía y cumplía todos los requisitos. Sólo faltaba saber el precio que pedían los propietarios. Cuando nos sentamos en una sala que daba al patio, el dueño me habló de su precio y de las condiciones de compra. Aunque pensé que tenia suficiente con el dinero traído de Francia, me callé y le dije que lo pensaría, y al día siguiente le daría la contestación.

 

Volví a la fonda con el convencimiento de que había encontrado lo que quería. Mi decisión estaba tomada, y me hacía ilusión pensar que, cuando llegara el momento, mis hijos nacerían en esa casa en la calle de la ermita del Cristo de la Humildad[6]. Sería mi hogar en El Toboso, en España. No tardaría en escribir a mi familia para detallarles todo el recorrido y el resultado final. Estarían felices de que lo había conseguido. 

Mientras caminaba de un lado a otro en busca de casa, recordaba perfectamente algo que había leído en la biblioteca del abuelo en Soueich, que hablaba de «lo que en el pueblo se ha labrado y labra, y hace mejor que en otro lugar son tinajas para tener vino, aceite y lo que más quisieren echar en ellas, y para hacerlas hay en dicho pueblo mucha pericia y ciencia. Este negocio va ya cesando por falta de leña para las cocer»[7]. Quizá fuera esta una buena manera de empezar un trabajo digno y justo en la nueva vida. 






[1] https://cultura.castillalamancha.es/patrimonio/catalogo-patrimonio-cultural/convento-de-trinitarias-de-el-toboso

[2] https://escuelagez2020.es/el-toboso/

[3] https://eltobosohistoria.blogspot.com/2013/12/el-convento-de-agustinos-de-el-toboso.html

[4] La conocida como “Casa de los Perros”, que aparece en una de las imágenes, perteneció a nuestra familia, así como otras dos en la misma calle. Se la conoce así por el escudo blasón que ahay encima de la puerta de entrada, donde aparecen perros.

[5] https://eltobosohistoria.blogspot.com/2012/03/las-casas-datadas-de-el-toboso.html

[6] https://eltobosoparroquia.es/cual-es-el-origen-de-la-imagen-y-devocion-al-santisimo-cristo-de-la-humildad/

[7] Relaciones Topográficas de los Pueblos de España. Lo más interesante de ellos, escogido por Don Juan Ortega Rubio, Catedrático de Historia de España en la Universidad Central, XII. Sociedad Española de Artes Gráficas.—Fuencarral, 137, Madrid, 1918.

 

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